Por: Antón Vélez Bichkov
La felicidad dura poco en la casa del pobre. Esta mañana terminó la reprise de Cabocla, que aguada y sosa, al menos era una novela brasileña. En su lugar, otra retransmisión Esposas desesperada, que paradójicamente no sólo muestra la desesperación de sus protagonistas, sino de la TV Cubana, que ya no sabe qué poner para rellenar su parilla.
Con la aparición de nuevas señales en el aire, no sólo aumentó el número de canales disponibles, sino un viejo problema del la TVC: la falta de opciones para programar. Si la tarea era ardua con dos canales y seis o menos horas al aire, hoy que Cubavisión transmite todo el día y la mayoría de estos empiezan por la mañana y terminan pasadas las 12 de la noche, la cosa se agudiza. El problema se multiplicó primero por 4, luego por 6.
Las series emigran de estación a estación. Terminando en una, empiezan en otra. Las películas - también pirateadas - igual. Lo más gracioso es que no parece haber ningún tino, ni estrategia (aunque alguien ha dejado entrever que sí: supuestamente, así los que no la vieron la primera vez la podrán ver por… ¿la décima?).
Esta jugada era ya conocida en la programación infantil (otra teoría made in ICRT: los niños crecen y las nuevas generaciones tienen derecho a disfrutar lo mismo que vieron sus mayores… si por eso fuera, habría que retransmitir los Horizontes de los años 60).
La piedad y racionalidad, parecen ser palabras desconocidas para ‘nuestra’ televisión, pues incluso estando corta de recursos, no sólo nos tortura con ‘más de lo mismo’, sino que mal administra las pocas opciones de que dispone. ¿Es racional que haya dos series, casi de estreno en las madrugadas, cuando el ‘horario estelar’ – allá quien se crea el titulito – cancanea y nos da un Su propia guerra (paradójicamente bien hecho, a pesar de su pobre factura) de hace 18 años y nos dosifica la arrastrada Páginas de la vida, como si fuera una droga fatal, que hay que administrar con sumo cuidado?
Algunos dirán, que sus contenidos son inadecuados para horas más tempranas; lo que sucede es que para el patrón ‘moral y ético’ de la televisión nacional, habría que ver cuáles contenidos son ‘ajustados’ para el espacio entre las 8 y las 10 de la noche. Parece que nada.
El Noticiero (vaca sagrada de los medios, el vehículo oficial del país – muy inferior a su colega del cierre, más dinámico y variado).
Una novela extranjera, escogida con pinzas, porque ¡imaginen! hay que tener cuidado con el (suave) ‘veneno’ que destilan (‘nuestros valores son otros’) y además de unos desconcertantes cuentos y teatros, que afloran por paquetes (temporadas, como la han cogido con llamarle, imitando, obvio es, a sus colegas foráneos), que a pocos interesan y menos aún pueden calificar como obras estéticamente dignas.
Por el medio mil y un programas didácticos, que con la aparición de los canales educativos, pensamos, iban a exilarse allá, pero no: “¡caquita, el entretenimiento puro es pecado!”, por eso hay que, entre col y col, meter una lechuga… (o un Hablemos de salud, el 'programa del mosquito' o En la vía).
En los pasillos y eventos teóricos las mismas discusiones de hace más de 25 años: falta de recursos, falta de creatividad, falta de continuidad en las ofertas nacionales, falta de esto, de lo otro, de lo de más allá. Gracias a Dios que el tema ‘humorístico’ está en ‘hibernación’, pues parece que la crisis ‘pasó’ (al menos hay bastantes, aunque igualmente regados sin ton, ni son en el esquema de programación). Y siempre la esperanza de un ‘tiempo mejor’.
Saber que la esperanza de los realizadores cubanos de tener, algún día, una novela cubana diaria – lo usual en el mundo – es irreal, nos da más confianza en el futuro y en la ‘grandeza de Dios’. En apariencia, se emiten novelas extranjeras (brasileñas básicamente), sólo por la imposibilidad de la TVC de rellenar esa franja con producto local, no porque haya que satisfacer diferentes gustos y apetencias; porque debe haber variedad o porque debe haber una pieza más o menos clásica del género.
Las cubanas, difícilmente, encajan en ese patrón y cuando tratan de hacerlo naufragan en las aguas pantanosas de los ‘malos-dramas’ (‘melodramas’ según ellos), copiando lo peor del género y con una habilidad limitada. Tampoco dan en el clavo, cuando de ‘realismo’ se trata. ¿Entonces qué…?
El mismo hecho de querer mantener, caprichosamente, tres noches de la semana reservadas para ofertas nacionales es un acto de voluntarismo, porque enfrenta dos factores objetivos: 1) no hay nada que poner; 2) YA NO QUEDA NADA QUE RETRANSMITIR… Por ello, justamente, la franja matutina que presentaba una brasileña y una cubana de repetición, tuvo que poner dos series, porque ya se agotaron unas y otras.
Mientras tanto, entre 08h00 y 16h00, más o menos, programación educativa por CV, por TR, por CE1, CE1. Sólo Multivisión escapa de esta avalancha, con su programación ‘fresca’ (claro, pues es un compendio de todos los canales de Dishnetworks, más algunas que otras ofertas ‘compradas’) y mínimamente estructurada. De cualquier modo, en los horarios de ‘batalla’, nada que ‘compita demasiado’ con otros ‘espacios televisivos estratégicos’.
Ya los funcionarios del Instituto tuvieron la ‘amarga experiencia’ con Dibu o Mi familia es un dibujo y jamás colocarían frente a uno de los ‘platos fuertes’ de la casa, cuya degustación parece obligatoria, algo que hiciera migrar en masa a un espectador aburrido y que cada vez recurre menos a la TV ‘oficial’ para el entretenimiento... Series y novelas en DVD, más algunos reductos de ‘antena’ (¿será que quedan?) suplen sus carencias de distracción y diluyen (¿anulan?) el mensaje que tanto esfuerzo hace para pasar (imponer) la TV Cubana.
PS.: Fue por un artículo de Pedro de la Hoz, criticando las ‘madrugadas de Cubavisión’, que la TVC en vez de repetir programación, lo cual era bastante racional (le daba el chance a aquellos que por H o por B no vieron el programa X o Y de disfrutarlo en horario alternativo) empezó a diseñar un esquema ‘orinal’ para esas horas… El esquema, cuando analizamos, es bastante ‘efectivo’: hay 2 series, una película y una novela emitidas ‘de pegueta’, sin intercalados didácticos… el lío es ¿quién ve eso a las una de la mañana? Tal vez los fantasmas... y algunos desvelados, como yo...
jueves 17 de diciembre de 2009
¿Esposas… o televisión desesperada?
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miércoles 11 de noviembre de 2009
SIMONE FAZ SUCESSO NO YOUTUBE: MIGALHAS JÁ TOCOU 211 MIL VEZES


Descaso entre indústria musical e público fica evidente com sucesso de canções na Internet
Por: Antón Vélez Bichkov
Os antigos diziam que a voz do povo, era a voz de Deus (Vox pópuli, vox dei...). E quem pode negar quando vê a canção Migalhas, do mais recente lançamento da cantora Simone, estourando em um veículo bem mais democrático que a mídia tradicional e pouco ou nada referenciada em meios típicos de promoção musical (rádio/tevê). Estamos falando no Youtube, onde o carro-chefe do CD Na Veia (Biscoito Fino, 2009) já foi executado entre os 20 e tantos vídeos que a contém, umas 211 mil vezes até a tarde de ontem, dia 10 de novembro de 2009.
Colocada originalmente pela usuária VanessaB1980, há uns dois meses, a música foi rapidamente replicada por um número significativo de membros do site, com maior ou menor preferência, mas todos com uma marca, o número de reproduções cresce exponencialmente.
Exemplo disso é versão de cbianculli que depois de apenas uma semana ‘no ar’ já foi vista 4281 vezes (de acordo com a página de buscas do site, sempre desatualizada se comparada com o número real de execuções). O número de MCC052009 é ainda maior, pois apesar de ter subido a canção apenas há duas semanas já conta 10329 exibições. E como eles outros.
É evidente que a ‘criatividade’ dos internautas influi na hora da escolha (vejam o caso da Vanessa, que não apenas foi a pioneira, mas criou um imaginativo e terno videoclipe em forma de desenho animado, para ilustrar a interpretação de Simone). Ela é, por enquanto a que mais execuções tem, seguida de perto pelas versões on-line da trilha da telenovela “Viver a vida”, que inclui a composição do Erasmo Carlos, como tema da drunkoléxica Renata (Bárbara Paz).
E mesmo sabendo da força desse tipo de promoção, é preciso dizer que a canção começou a ‘acontecer’ mesmo antes de a novela começar a decolar no gosto do público (coisa que de fato não é tanto, pois seus números beiram os 38 pontos, baixo para o horário e o autor, considerado um campeão de audiências).
O mais paradoxal, no entanto é o fato de Migalhas, não entrar nem sequer de perto na lista das cem canções mais executadas no Brasil no momento. Nenhum Toc, nem Top-100, a inclui.
Aqui vemos o evidente descaso entre indústria e público. Uma, pagando sumas milionárias tenta impor e fabricar sucessos custe o que custar; o outro, mesmo enfeitiçado pelas veleidades do mercado, também faz a sua escolha e não deixa mentir.
Esse também é o caso de Sol e mar, de Gal Costa – pescada de um lançamento de há uns anos – que ‘miraculosamente’, também goza de popularidade na Internet, mas não na mídia ‘oficial’.
Verdade seja dita no site Sonora.com.br a música da Simone era a décima mais ouvida e o disco estava em lugar de privilégio entre as obras da MPB, porém, aqui, mais uma vez estamos falando de um mecanismo aparentemente ‘democrático’, em que são as pessoas que decidem o que irão ouvir, por livre e espontânea seleção.
Na Biscoito Fino, que é a nova casa da artista desde o lançamento anterior, Amigo é casa, dividido com Zélia Duncan, são a Abelha Rainha e a Cigarra, as grandes estrelas, pois delas são as dez faixas mais baixadas. Essa é outra opção que não há forma de explorar, salvo que os próprios empresários revelem dados: o comércio eletrônico, que veio diversificar de forma substancial a forma em que as pessoas consumem música.
Sem contar a pirataria, em que a Simone também está fazendo ‘sucesso’ (talvez para sua contrariedade). Para nosso pesar não temos estatística exata de quantas vezes o Na veia foi baixado de forma ilegal, mas o certo é que desde que fora lançado em agosto desse ano, o CD está em quase todos os sites desse tipo.
O moral da história? A indústria impõe gostos, mas a voz do povo, continua a ser, como diziam os antigos (para bem e para mal) a voz de Deus…
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miércoles 21 de octubre de 2009
MILAGALHAS DA SIMONE EXECUTADA 55 MIL VEZES EM YOUTUBE

A canção "Migalhas", da Simone já foi executada 55049 vezes até as 15h15 (hora de Havana) de hoje (21/10/09) a mês tanto de ser colocada no Youtube!
Isso dá umas 1800 execuções diárias e o mais curioso é o fato dos altos números de vídeos subidos há duas semana...
Os datos foram coletados in situ, ou seja, vendo vídeo, por vídeo quanto já tinha acumulado...
Eis aqui os números da portada, que tendem a ser menores, por não atualizado.. . ao todo, em um mês a música tocou 53148, segundo as cifras postadas embaixo...
E mesmo sem tocar nas rádios (não posso falar, pois não moro lá, nem encontrei estatística ao respeito), a canção do Erasmo pode ser considerada um sucesso!
Quando ao disco, tampouco existem datos exatos, mas em dois sites o "Na veia" estava respectivamente no 9-no e 8-vo dos mais vendidos... Só pra ter uma idéia, "Amigo é casa", o lançamento anterior ocupava um lugar na casa do número 140.
Assim como outros artistas 'do momento' estavam por debaixo da Simone.
Por sua vez "Geraldinos. .." (que foi número 1 na MPB FM) mal chega às 800 execuções... curiosidade, vejam como ficaria a abertura de "Cama de gato" com a música da Simone... (ótima, por sinal pra novela e nem só!)
http://www.youtube. com/watch? v=eopJy4H76oQ
3:53
Migalhas - Simone
Simone - Migalhas Lançado pela Biscoito Fino novo albúm de Simone " Na Veia" está lindo! Recomendoooo Trilha sonora da novela Viver a Vida. Sinto ...
hace 1 mes 21704 reproducciones VanessaB1980
3:53
Trilha "Viver a Vida" (2009): Migalhas - Simone
Viver a Vida é uma telenovela brasileira, transmitida pela Rede Globo no seu horário das 21 horas, com autoria de Manoel Carlos, com colaboração ...
hace 2 semanas 12516 reproducciones trilhadenovela
3:36
SIMONE - MIGALHAS (ERASMO CARLOS)
... E POR VIVEREM UM GRANDE AMOR, O OPOSTO SE FEZ MAIS PRESENTE EM SUAS VIDAS... UMA DAS PARTES RENUNCIA PARA QUE O SENTIMENTO PERMANEÇA ...
hace 1 mes 12345 reproducciones lescos2008
3:43
Migalhas Simone
Sinto muito mas não vou medir palavras Não se assuste com as verdades que eu disser Quem não percebeu a dor do meu silêncio Não conhece o coração ...
hace 2 semanas 3290 reproducciones cgzms
3:45
Simone- Migalhas
Linda música!
hace 2 semanas 3293 reproducciones eusourosane
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martes 29 de septiembre de 2009
Diana o jugando a la genialidad
Teleserie cubana rompe cánones, pero no construye ninguno propio
Por: Antón Vélez Bichkov
Una cámara trémula, edición entrecortada, planos insertados sin un sentido estrictamente dramatúrgico, más bien para jugar a la genialidad visual, diálogos fotocopiados del cotidiano, sin meditación, ni arte y una supuesta radiografía social, así se podría resumir Diana, teleserie de Rudy Mora, que ocupó hasta hace poco el espacio de la telenovela cubana y despertó airadas polémicas en el público, que educado y todo lo que de él se acostumbra a decir, no digiere con esa facilidad, los melindres narrativos de su autor y director, que evidentemente se ha metido en camisa de once varas.
Pretensión y agua bendita, como reza la sabiduría popular, cada uno toma cuanto quiere y la TV Cubana, últimamente, padece de un mal: la frustración cinematográfica de algunos sus realizadores, que al no poder entrar por la puerta ancha del Séptimo Arte, se meten por las angostas rendijas creativas de la caja cuadrada y quieren hacer algo absurdo: TV de autor. El término suena bonito, pero es natimuerto, pues tal cosa no existe, por definición.
Si en el cine, todavía podríamos creer en un enfoque personal de la creación audiovisual, en la televisión, medio masivo por excelencia, los juegos esteticistas y los caprichos intelectualoides siempre han de ser vistos con recelo. Y no porque el medio invalide cualquier pretensión de hacer ARTE con mayúsculas - claro que se hace arte, al catalizar de forma novedosa las fórmulas prefabricadas, lo cual es toda una proeza creativa. Sino porque la mayoría de las veces quien trata de hacerlo está muy por debajo de la capacidad para hacer algo realmente revolucionario y que no peque por gratuidades estéticas y excesos pseudo-artísticos.
Cuando leí la primera entrevista de Rudy Mora - justificativa, claro está -, ni me inmuté, porque era natural que el creador defendiera, a capa y espada su criatura aún y cuando los argumentos esgrimidos no nos explicaban cuál era la razón de sus opciones ¿por qué lo hizo así y no de otra forma?; el socorrido argumento del rezago intelectual de la masa y su natural reluctancia ante la 'innovación visual', es demasiado cómodo, para quien se da cuenta que metió la pata y que no consigue la comunión con el gran público y de paso, con algunas capas de la intelectualidad.
Ya, cuando vi a toda página (de hecho dos, las centrales del último Juventud Rebelde) un artículo de beatificación, a partir de un grupo de criterios favorables emitidos por los lectores por vía electrónica, me dije: ¡la cosa está mala! Lo que deben estar diciendo en la calle es candela, cuando el JR, se decidió demostrar que Diana no estaba tan mala y que equivocados están todos aquellos que no la aceptan y no los que la descalifican.
No siempre la voz del pueblo es la voz de Dios, pero en ese caso, el público reconoce que tanto preciosismo, más bien picotillo de tomas y dramas, no tiene una base artística sólida. No es que carezca de galanes o de situaciones edulcoradas; no es que se asome a las partes más oscuras de la sociedad y lo haga sin gentileza y crudamente, es que todo eso se ve como lo que es: un pretencioso juego de genialidad forzada y más está para una materia periodística, que para un drama de alto vuelo. Veamos...
En el capítulo del miércoles 09/09/09, por sólo citar un ejemplo, Rudy hizo un raro e inusitado hincapié verbal y visual en la raíz del cabello de Broselianda Hernádez, que Cirita Santana trataba de teñir, mientras decía, muy orgánicamente, dicho sea de paso, dos o tres frases bastante ocurrentes.
Lo que quería recalcar con el puntilleo de la Hernández (“tíñeme el cabello”) y los inserts del pelo manchado de tinte, pues sólo él y el Espíritu Santo lo saben, nosotros, al menos yo, ni me enteré y miren que tengo repertorio y sensibilidad suficiente como para no perderme en sutilezas de toda clase y grado. Sólo que cuando las cosas están un tanto forzadas, cuando el juego da “gato por liebre”, pues es difícil ‘leer entre líneas’.
Construir un (meta)lenguaje es tarea titánica. De hecho, sólo los genios lo consiguen de forma espontánea y sin mucho estudio; los que no, deben trazarse con claridad el concepto que persiguen y a partir de ese esqueleto vestir a su criatura, con las ropas que más le peguen según la 'fiesta' que le toque ir.
No es alterar un poco la narrativa aristotélica y salirse del ABC televisivo, que vive del plano/contraplano. Es construir una obra auténtica, donde toda innovación, esté situada en tiempo y espacio. No por ello, la obra ha de ser rígida y carente de frescura. El set, muchas veces, es el que dice la última palabra y lo que en papel podía sonar como espectacular, en vivo, en la grabación, a veces se hace inviable o menos plausible de lo pensado.
Pero da la impresión que muchas veces Rudy, sencillamente, se dejó llevar por su vanidad de realizador con prestigio dentro del mundo del clip (de dónde vienen manías y estilos más que marcadas por aquí) y tener dos obras previas, con apoyo de la crítica y bastante trascendencia popular (que por cierto el autor busca reciclar por aquí).
Y así, siguiendo la ruta que nos traza esta cámara que parece tener el mal de Parquinson, pasamos por varios de los ambientes que nos propone Mora. Algunos diálogos, incluso, tienen cierta inspiración, pero no dejan de reflejar un cierto formalismo, o sea, dicen lo que tienen que decir, para supuestamente retratar la realidad cotidiana y lo cubano. Eso me suena más a periodismo que a dramatizado, ya lo dije. No basta poner escenas pseudo-reflexivas, como la que menciono a continuación, para imprimirle la estirpe del drama verdadero.
“Me emociona que me digas eso...” en la voz de una Verónica Lynn menguada en sus capacidades histriónicas, sonó burocrático y sin espíritu. Es como si la actriz no se hubiera enterado de que ‘emoción’ fue la primera palabra del bocadillo. Claro, tanto ella, una actriz más que competente, como Pomares, otro actor 22 kilates, ¿cómo iban a digerir la carga poco natural de la escena?
No dejo de reconocer que este elenco ‘todos estrellas’ captó bien el mensaje de Rudy y lo tradujo hasta el punto que sus talentos individuales le permitieron, sin embargo, queda ese raro sabor de desconcierto, que pueden haber experimentado los propios intérpretes, ante una narrativa tan vacilante e imprecisa.
A no dudarlo, nuestra realidad cotidiana, tampoco se caracteriza por tener un rumbo claro y los destinos individuales parecen derretirse o al menos reblandecerse, como el asfalto, sometido por el destructivo sol tropical; las vidas, poco a poco, se evaporan y se vuelven justo eso, un vapor sofocante, espeso, que tiene que pasar por el eterno ciclo de condensarse, volverse agua, caer y, nuevamente, elevarse hacia el infinito, sin sentido, ni coherencia…
Sólo así podríamos comprender ese ajiaco medio amorfo, medio efímero, cargante por momentos y que aunque terminó con la esperanza a flor de piel (el futuro está en el sol, el perdón, la fraternidad, los niños, la negación… ¿qué me importa a mí la capa de ozono, no? esas son las claves que se dan el capítulo final), se encargó de romper todos los cánones habidos y por haber, sin crear, no obstante, ninguno propio.
¿Y aquí viene la pregunta? ¿Se mide la genialidad por destruir lo ya existente… o por construir algo nuevo? Me parece que la respuesta es evidente, así como que este juego, pudo haber salido mejor, de haberse planteado sus reglas con sinceridad y sin pretensión.
Publicado por novoluar en 13:24 1 comentarios
Etiquetas: arte, crítica, Diana, genialidad, insatisfacción, realidad, Rudy Mora, teleserie, TV Cubana
martes 1 de septiembre de 2009
UN AÑO Y UN MES DESPUÉS: Quien siembra vientos…
Telenovela cubana genera polémica, pero encara sus temas sin rigor y con abundantes lagunas creativas
Por: Antón Vélez Bichkov
Hace un año y un mes exactamente escribí por encargo, pero con sumo placer, el artículo que coloco a continuación; sin embargo, la satisfacción que tuve al redactarlo, al parecer, no fue compartida por la dirección de La Calle del Medio (periódico cultural cubano, que hizo el encargo), que como justificación para no publicarlo alegó: "No dice nada bueno..." (¡parecería inocente! ¿y acaso era obligatorio? ¿estamos en un 'complaciendo peticiones'?). Sé que aguas pasadas, no mueven molinos, pero me pareció que valía la pena compartirlo... Uds. dirán, dejen comentarios... Chao.
Quien siembra vientos, recoge tempestades. Y la actual telenovela cubana, Polvo en el viento, de forma consciente, pues así lo ha reconocido su autor, ha decidido, entronizarse a partir de un repertorio de polémicas, que cubre desde el tratamiento, más o menos abierto, de algunas zonas oscuras de la realidad, hasta la convivencia armónica y sin contradicciones con un seropositivo.
Parecía que los fuegos se habían apagado con el fin de la anterior historia de bomberos, pero por lo visto, las ráfagas siguen avivando la llama de la crítica del público – muy a pesar de los altísimos índices de audiencia – que aunque mira, no siempre disfruta, con las peripecias escritas por Silvio Herández y dirigidas por Xiomara Blanco y José Luis Mederos.
Buscando compensar los años de esclavismo y de emociones decimonónicas, la TV Cubana, ha decidido asumir de lleno la temática actual y aunque la pretensión por sí misma es loable y reclamada por los espectadores, da la impresión, que la camisa que ha tratado de vestir da División de Dramatizados, tiene más de once varas o los autores no están a la altura ni de los tiempos, ni mucho menos de la pretensión estética que nuestros medios defienden… por lo visto sin demasiado éxito.
En Polvo…hay tela por donde cortar. En todos los aspectos: desde el guión, pobremente estructurado, como ya es costumbre, con diálogos parcos y simplistas y un contingente de personajes robóticos y sin la pincelada ‘de la carne y el hueso’, que ni siquiera la telenovela más tradicional desdeña, hasta la realización/dirección también muy concreta, sin demasiado vuelo imaginativo, que resume todo a plano/contraplano, tomas convencionales y poco o nada, ha trabajado con los actores, cada cual en su ‘registro y estilo’
Ninguno de los defectos de Polvo… tiene que ver con su raíz folletinesca. Una cosa es el melodrama y otra los ‘malos dramas’, como sabiamente avisaba un colega periodista desde las páginas del Trabajares, algunos años ha. Tampoco es un pecado – como alguien pretendió hacer ver – que, a partir de una autoproclamada “responsabilidad social” (palabras del propio Silvio), aparezcan aquí – aunque de modo muy soso y nada movilizador – las ‘partes feas’ de la vida. Su gran carencia, es encarar ambas cosas, tanto género, como polémica, de forma poco rigurosa y sin la sensibilidad necesaria para ‘hablar de la realidad, pintarla de un artificioso color de rosa y no morir en el intento’ (parafraseando el título de la película de Ana Belén).
Las telenovelas tienen dos dimensiones, la descriptiva y la prescriptita. La primera está clara: expone, de forma, más o menos naturalista, lo que sucede en el cotidiano de vida. Ya en el segundo caso, dada su repercusión, acciona como formador de opinión y comportamiento, de ahí, que dicho en buen romance, hay que hilar fino, cuando la cuestión es tratar áreas vitales potencialmente explosivas. Y Polvo… no brilla en ese aspecto. Confundir libertad creativa, con descuido, no sólo trae desprestigio en círculos intelectuales, sino que siembra en las audiencias falsas ideas y desinformación, que ante la fuerza del vehículo, empieza a confundir la realidad con la ficción y a tomar decisiones erróneas, a partir de emociones y razones, que ni siquiera en la pantalla son válidas.
Así las cosas, más de una persona ha visto en la relación serodiscordante (entre seropositivo y persona sana) una apología a este tipo de vínculo (sea cierto o no); el tratamiento, aunque indirecto, de la homosexualidad, ídem; no tantos como quisiéramos lo interpretan como una llamado al respeto o al menos tolerancia, que ambos grupos merecen, sino que, sencillamente creen que “se le está dando propaganda”. El básico de la población, asume la libertad de opción y la consideración que cada cual tiene y merece, pero rechaza la proliferación del tema en pantalla (quizás, la torpeza con que se encara, sea el factor, así como su abundancia en tiempos recientes).
El gran número de implicaciones de determinadas conductas en la novela, se pasa por el alto. Se escribe, como en un diario personal, sin importar lo que piense el otro. Muchas personas, sobre todo versadas en el asunto, ven con buenos ojos que se ponga como seropositivo a un personaje, a todas luces, exitoso, ‘bien parecido’, con un buen trabajo, moto, una casa de novela brasileña e incluso ¡una criada! Se sale del molde del marginal o pervertido, que muchas veces habita el imaginario colectivo. Con esto queda claro, que cualquiera puede ser víctima del mal. Sin embargo, la corrección para ahí. David, cuyos antecedentes sexuales están poco claros y cuya forma de contagio ‘casual’ hemos conocido tardíamente – casi a mitad de novela – resulta un ejemplo poco edificante y de valores dudosos.
Sensibilizadas, las espectadoras, pueden comprender que éste cuide a su pareja – cosa que no se evidencia ¿cómo se protegen ellos con condón, con coito interrupto, con sexo ‘seguro’ – pero no que engañe a la mujer que se entregó por completo y en prueba de amor supremo ha decidido dividir con él el riesgo. Tampoco que muestre un franco patrón de promiscuidad. No se recalca que es la sexualidad irresponsable la forma más común de adquirir el mal. Al contrario, se dice “cualquiera resbala y cae”. Muy bien. Ahora, si creemos en el ejemplo implícito de la novela: la ‘castidad’ no es la solución, pues de cualquier modo puedes enfermar, pero no hay problema en estar con una y enamorarse de otra y sin la más mínima preocupación, llevar adelante, no sólo una relación adúltera (lo menos chocante), sino no haber informado de su padecimiento. Esto incluso asume trazos de caso penal, pues podría constituir el delito de Propagación de epidemias. La moraleja, es que su conducta debería cambiar.
Siguen las lagunas de David. Él es biólogo, pero todo indica que no ha puesto al corriente a sus empleadores sobre su padecimiento, cosa que es de rigor. No para discriminarlo, al contrario. Sólo así, la administración sabrá qué medidas tomar en caso de alguna emergencia con el enfermo y determinará según las normas del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social qué tareas puede desarrollar. Habría que ver, si en su condición, David podría bucear con tanta frecuencia, pues haciéndolo, se expone a microorganismos de la fauna submarina y cambios bruscos de presión, no positivos para la salud. Y es sabido que los seropositivos deben llevar una vida rigurosamente sana, con rutinas nutricionales, médicas, etc. que poco se evidencian por aquí. Tímidamente, asoman los programas de apoyo psicológico y los cursos de convivencia con el nuevo status, pero es meramente incidental.
Falta información sobre los modos de inoculación (nunca suficientes para los irresponsables); posibles riesgos para protagonista y antagonista; avances en los estudios y tratamientos del VIH/SIDA en Cuba; si los enfermos reciben algún medicamento y el efecto de estos... Sería demasiado didáctico, pensarán, y viendo la impericia con que se maneja el texto, incluso, es preferible. Un Hablemos de salud de 50 capítulos ya sobrepasaría los límites de nuestra paciencia. En términos generales, se pasan por alto los pro y los contra de una pareja serodiscordante. Y aunque Polvo… nos consta, tuvo asesoría, no parece haberla aprovechado de manera adecuada.
La parte de la corrupción/pérdida de valores también tiene costuras. Y si de VIH/SIDA no sabemos (ni tampoco podemos aprender con la novela, su fin básico) con la deshonestidad todos chocamos, al menos, una vez en la vida y por ende, es más difícil pasar gato por liebre. Dimitri es un joven íntegro, pero nadie se explica ¿por qué la Maria do Carmo caribeña lo escogió a él para su búsqueda? pues no es detective, ni policía, ni camaján callejero. Suerte enorme la del papá ‘tronado’ del alumno, no sólo rehabilitado en lo que canta un gallo, sino que consiguió un trabajo de película, con derecho a viajes al exterior y ¡estimulación en divisa! como quien dice (prodigios made in Polvo…). Más creíble es la parejita de la shopping y el hotel, pero otra vez vienen las inexactitudes. No hay que ser fiscal para darse cuenta que introducir mercancía ilegal en un establecimiento del estado, automáticamente, acarrea responsabilidad penal. Sin embargo, en Polvo… es la administración – según dice Isabel, la jefa – la que tomará cartas en el asunto y decidirá el destino del almacenero deshonesto. Isabel, que además de saber de la corrupción de su empleado, se compadece y se contenta con una sosa ‘amonestación pública’. Muy frágil para ser gerente de una TRD.
Alguien comparó Polvo… con Cocina al minuto y me pareció ingenioso, pero resulta que el criterio es generalizado: el público ve exceso en los constante desayunos, almuerzo, comidas y ¡hasta cenas! de la trama. ¡Ah, otra cosa! A no ser una enfermera, no hay negros en esta historia, que Xiomara Blanco, juzga perfecta y con un único defecto: faltarle 20 capítulos más. Para ella “Silvio escribe magníficamente bien y diseña personajes de mucha fuerza, los cuales dialogan con mucha soltura”, como si hablara de otro autor y otra novela; como si no le tocara a ella editar las infinitas secuencias de conversaciones, que más que una obra dramática articulada, parece un resumen en video casero, de los chismes de un barrio habanero. Abundan las lagunas de contenido, elipsis inauditas, cosas sacadas debajo de la manga, sin antecedentes (véase ese fantasmagórico abuelo, que apareció y predominó en un capítulo).
El autor habla de una estructura «cerrada» (¿dónde?) y evolución de personajes. Pero mejor es el concepto que el resultado y nos asusta que su idea de evolución de caracteres, signifique, sin más, ni menos, una zigzagueante trayectoria amorosa de su protagonista, entiéndase: promiscuidad sexual, justo en una novela sobre el SIDA. Keila – al decir de un ocurrente y sintético internauta cubano – “empieza con uno al que dejó por saberlo bisexual, terminando su relación, a los 3 días conoció a David y se enamoró, al que dejó por que le mintió (además de por el VIH), no había pasado media semana y se empató con el doctor del hospital, llevan poco tiempo juntos y ahora se fija en el amigo de David”. El doctor no la soporta y por arte de magia se enamora de ella.
Hernández, no tiene claridad dónde terminará su heroína. Por eso la pasó por todas las manos masculinas del elenco. Sin decir, su naturaleza vacilante, que poco recuerda a una real doctora de los días de hoy. ¿Cómo justificar que se tenga que enterar por su epidemiólogo de los seropositivos de su área de salud? ¿Necesita ella de consejo ajeno, para comprender la bisexualidad de su marido? ¿No aprendió eso en sexología y psicología? ¿Dónde queda su ética si se permite interferir en la vida privada de sus pacientes, comentando e incidiendo en un tema tan delicado como el VIH?
El argumento es viejísimo: “esto es una trama de ficción y, por tanto, habrá cosas verosímiles y otras no”. Así Silvio descuida hasta el naturalismo (ojo, no realismo) de su obra ficticia. ¿Qué hacía David en la parada que conoció a Keila, si terminó pagando un cinco-cinco (taxi minibús, Peugeot-307, de los más caros) cuando ésta se desmayó? ¿Por qué un lirismo forzado, cuando lo más natural es presentarse? (“¿Quién eres…?”/ “Polvo en el viento”). Todo para pujar el título, que no sólo coincide con el clásico del grupo Kansas (Dust in the wind, 1977), sino con el del Premio de Novela Plaza mayor (2005), del santaclareño Lorenzo Lunar.
Del elenco, ya hablamos. La misma sensación de caos, impera aquí. Salvo Yoraisy Gómez (Keila), cada vez más orgánica y natural en sus roles y algunas dignas excepciones (casi todos en el ala joven del elenco: María Karla Fernández, Yadier Fernández), el resto, declama sus parlamentos. Selma Morales parece de piedra con su ‘millonaria’ Odalys y actores importantes como Nieves Riovalles y Enrique Molina, están en roles secundarios y sin brillo. A Herón Vega, ni vale la pena mencionar.
Para algunos la novela es defendible por lo que dice. Pero hace rato, el qué y el cómo, han determinado sus jerarquías, siendo siempre la forma y no el contenido, lo que definitivamente, hace digno un producto audiovisual. Hablar no basta, también es necesario mostrarlo con corrección; caso contrario, no pasara de eso… de polvo… en el viento…
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Etiquetas: crítica, cubana, Polvo en el viento, SIDA, telenovela, TVC, VIH
Prision Break: Un minotauro con cabeza de serie y cola de novela
A propósito de su final en Cuba...
Por: Antón Vélez Bichkov
Michael Scolfield tenía que morir. No quedaba otra si la idea era cortar el mal de raíz e impedir que Prision Break, serie que no aguantaba una temporada más, se perpetuara en las pantallas de la Fox Network.
Confieso que la primera entrega la seguí. Era intensa, un tanto excesiva y por ende, sofocante, pero al menos activaba nuestra adrenalina y nos mostraba las maravillas que un guión bien delineado podía hacer. Con la segunda me sentí burlado. Salida de su marco original la prisión y sin su foco, la huida, todo lucía forzado y las tramoyas más increíbles aún que en la primera (¡y miren que probaron nuestra tolerancia y credulidad en la ellas!). Ya las siguientes, sencillamente, no era capaz ni de masticarlas, qué hablar de tragarlas y digerirlas.
Pero las noches de los sábados, rondado la medianoche, son aburridas, sobre todo, cuando no hay nadie agradable a mano y el sueño demora en venir. Así pues, casi por casualidad, me deparé con el capítulo final, de la temporada de cierre de esta exitosa serie que rompió récords de sintonía en varios países, incluidos los propios Estados Unidos. Ya la semana anterior había visto, igual de casualidad, los tres episodios previos y me daba la curiosidad ver cómo iban a resolver tanto enredo.
En esta ocasión, había una gran intriga internacional rondando a sus personajes centrales, un destructivo software y una malévola madre, aparecida de la nada. Ya me sabían las revelaciones de ésta, un tanto noveleras: Lincoln Burrows, por quien Michael había hecho el sacrificio supremo de ir preso, para liberarlo – el foco de la atracción – ¡no era hermano de este cuasi genio! (¡sufre Luz Clarita!) Ya lo apuntaba su madre, no sólo en físico los dos eran dispares, también en intelecto. Sólo un burro grande y torpe como Burrows (curiosa similitud del apellido: ‘burros’, ¡ni qué fuera a propósito!) podía caer dos veces, como bien señala su maquiavélica madre adoptiva, en la misma trampa. ¡Brillante la fórmula de los guionistas para justificar su propia falta de originalidad!
Falta de originalidad que se extendió a un final con tanto rosa, que nos puso ante la duda si era esto un daytime soap (novelón vespertino) o una serie de acción del prime. Como todo ‘buen’ thriller la tensión duró casi hasta el final. Cuando parecía que el cierre era inminente y todo estaba resuelto, Michael, una vez más, demostraba su astucia y previsión: guardó el chip que activaba el tan buscado y mortífero software hasta que no consiguió la total absolución de sus camaradas (el ala buena de la serie en pleno).
El indulto, como era de esperar, no podía beneficiar a uno de los villanos más abyectos de la historia, que volvió en un ‘aleccionador’ final a la prisión (para que vean que en este mundo, las injusticias sí se pagan). Igual desenlace fue el del coronel perverso, que tenía amenazado a medio elenco con sus matones. La silla eléctrica era poca para tanta maldad, pero no había castigo mayor, así que nos dieron el detalle, hasta lo patético, demostrando que los arbitrarios y abyectos, suelen ser cobardes en el momento de la Verdad.
La administración de justicia estuvo en manos del agente especial que desde la primera temporada le hizo la vida imposible a los agentes y que aquí en un ejemplo de suprema objetividad puso a cada cual en su lugar. Todo muy light, sin complicaciones. ¿Y quién lo iba a decir, cuando en las primeras temporadas daba la impresión que cuando uno caía en desgracia con el ‘aparato’ podía despedirse de la vida, porque nunca más tendría una? Ante tanta falta de remedio, se nos hacía un nudo en la garganta y nos afloraban un sinfín de fobias, de sólo pensar lo que los órganos coercitivos de aquel gobierno eran capaces de hacer. Desde urdir una trampa para inculpar a un inocente (Burrows) hasta matar al presidente (dos para el caso).
Ahora en un pase mágico, como en un purgatorio político express, Michael y sus compinches (amigos, mejor dicho) quedan libres de polvo y paja por sus favores a la Humanidad (obviamente el peligro para el planeta no podía faltar aquí, gracias a Dios que Norteamérica es pródiga en héroes y que haya uno de ellos siempre a mano para salvar el pellejo de los seis mil millones, es decir nosotros).
Con tales antecedentes de sumaria y simplista exoneración, lo natural es que vinieran escenas elementales y edulcoradas después. Sucesión, como en una galería, de parejas.
Michael hace planes – el pobre, como alma buena y pura tiene camino corto en la Tierra – sin saber que no verá a su hijo crecer. El chorrito de sangre saliendo de la nariz nos anuncia que sus días están contados (nada obligatorio, pero nosotros lo sabemos, pues así son las reglas de este tipo de narrativa). Y en efecto, otra secuencia, esta vez de despedidas, nos lleva hasta el punto donde yace, en paz – pensamos, a no ser que lo resuciten – el valeroso Scofield, que le dijo adiós a los suyos y de paso a nosotros (espero que para siempre) en el más meloso de los finales posibles.
Por cierto el santico se fue sin un solo pecado a sus espaldas. Ni a su madre fue capaz de matar, aun y cuando ésta, perversa y despiadada, sí se lo iba a cargar. Un angelito como ese no podía mancharse el expediente y los autores, clásicos y sumamente previsibles, activaron otro oportuno gatillo – el de Sarah Tancredi – para cegar la vida de la bruja.
Nada, reglas de Hollywood, donde el ‘bueno’, jamás matará al ‘malo’ en la primera. Antes tiene que haber una pelea (bueno y malo en el combate final). El balance (bueno y malo están a la par y no se sabe quién va a ganar). La caída (el bueno va perdiendo, el malo, parece que lo va a matar). La recuperación (el bueno, saca fuerzas de donde no tiene y se impone, el malo, casi perdió). El triunfo (el bueno, como era de esperar, apoyado por las fuerzas del bien y como es de suponer por sus músculos y habilidades guerreras, vence al malo, que ahora yace en el suelo, con pánico reflejado en el rostro, pues el bueno lo puede matar). El perdón/ la traición/ y la muerte (el bueno, no es capaz de quitarle la vida a un hombre que yace o está en desventaja y en acto de supremo altruismo lo perdona y… ¡fatal! le da la espalda, pues aquí el villano, acordándose que no tiene principios, ni moral, aprovecha cualquier cosa y en un último intento busca venganza, pero como el bueno es más ágil, se defiende y hace al final, lo que tenía que hacer al principio).
La fórmula no puede estar aplicada al 100%, es cierto, pero que Prision Break ha abusado de ellas, no hay duda alguna. Y esto, por lo menos para mí, es cualquier cosa, menos un mérito.
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Etiquetas: complot, crítica, Cuba, Fox, fuga, Lincoln Burrows, Michael Scofield, Prision Break, temporada
Prision Break o la fatiga de los excesos

A propósito de su final en Cuba...
Por: Antón Vélez Bichkov
La reseña que leerán a continuación (así, espero, jejeje) la escribí hace bastante tiempo, en un arranque, indignado por un final de temporada de la serie; hoy, que vi la culminación de la misma, publico éste y el trabajo que me suscitó el gran colofón, juntos...
Si en su primera temporada la serie Prision Break todavía mantenía cierta dignidad, sobre todo, porque a pesar de contar con un marco de acción relativamente estrecho, como es la prisión, lograba con bastante nivel de imaginación y buen uso de los recursos dramatúrgicos y expresivos, dar un variado abanico de acciones, que podemos decir garantizaban un mínimo de tensión y emoción, ya su segunda entrega, más se va asemejando a una mala telenovela.
Y no es que las telenovelas sean malas por naturaleza y las series de acción tan buenas que compararla con una es denigrarla en automático, pero el hecho es que cuando una telenovela se vuelve particularmente mala, todo lo que en ella suceda, luce demasiado truculento, forzado y sin mucho sentido. Por ende, difícil de digerir, aunque exista en consabido 'pacto ficcional', mediante el cual acordamos de una forma tácita aceptar 'cualquier cosa' que nos pongan por delante sin demasiados cuestionamientos.
Sin embargo, sucede que la segunda temporada de este popular seriado norteamericano se ha vuelto tan insoportablemente inverosímil (eso si todavía fuera viable después de ver las tramoyas y maquinaciones, perfectamente engrasadas, que siempre daban resultados, fuera eso probable por la ley que rige justamente las probabilidades o no) que más que un motivo para el entretenimiento, se vuelve un descarado insulto a la inteligencia del espectador.
La progresión dramática es el ideal de toda obra de ficción. Avanzar en el hilo de la historia hacia un final, cualquiera que este fuera - de preferencia feliz, pues es el que más agradecen las audiencias planetarias - es el fin que a lo largo de interminables episodios persiguen filmes, las mencionadas telenovelas y las series, ya sean de acción, sentimentales, policiales, etc.
La progresión dramática, además, supone que cada nuevo paso que se dé, nos acerque más a ese final y sea un cambio cualitativo con relación a la situación previa, que permita mejorar los chances de los personajes de llegar hasta el desenlace. Pero cuando la idea, lejos de resolver un nudo dramatúrgico, es perpetuar la fórmula inicial del éxito, difícilmente se haga algo en aras de promover el avance de las tramas que nos ocupan, ya que todo estará encaminado a reeditar el hecho que dio partida a este entramado. Es decir, por mucho que se adelante, siempre se buscará regresar al punto de inicio (¡peor que la suerte de aquel personaje de la mitología griega condenado por los dioses al eterno trabajo!).
Tal es el caso de Prision…, en que el escape es el 'pollo del arroz con pollo', por ende, el fin de la serie no sería 'escapar en sí', si no todo lo que se hace para lograrlo, sin hacerlo.
Como ya dijimos, los capítulos iniciales, lidiaban bien con el marco restringido de una cárcel, nos daban diferentes focos de acción y esto 'aireaba' sustancialmente la trama. Aunque se veían los pies forzados, sobre todo en las cibernéticas intrigas, tan laberínticas, que sólo los milagros de una mente febril y decidida a resolverlos, lograría su éxito. Pero bien, había empezado, se podía tolerar, entretenía hasta cierto punto.
Estaban las tremebundas y claustrofóbicas conspiraciones, que ya son parte indisoluble del paranoide imaginario colectivo norteamericano (¿ya se les olvidaron Los Expedientes X, también construidos sobre la base de un maquiavélico complot de proporciones monumentales?), que no es que no se puedan suceder, de hecho los presentes acontecimientos con Iraq e Irán, contrarios a cualquier principio racional y humano, así lo sustentan.
Existían los grandes imposibles y las inocencias pervertidas... estaban la abnegación y el sacrificio (quizás el valor más interesante de la serie y la clave de su éxito tan desenfrenado: el amor de un hermano capaz de encarcelarse por el otro, es realmente conmovedor).
En fin, era una buena artesanía de la fábrica de sueños de la Fox. Ojo, simplemente artesanía, pues reales valores dramatúrgicos, salvo el impecable guión (prueba de una exquisita técnica), no tenía.
Pero llegó el final, la promesa de la huida no se concretizó strictu-sensu, dejándonos en el aire, supuestamente enganchados (yo preferiría decir, engañados), hasta la resolución a partir del séptimo mes siguiente. Era obvio, había pegado y ahora había que estirar el chicle. No fue del todo desacertada la idea de sacar el foco del centro penitenciario, pues de haberse perpetuado la serie varias temporadas tratando de escapar de Fox River, sí que se habría vuelto aburrida.
Sin embargo, los cabos sueltos de la primera temporada, aquí sencillamente se volvieron madejas de hechos forzados, cuyo fin básico era retrasar, qué digo retrasar, impedir la real liberación de los personajes, para así dar otra temporada más.
Es verdad que cuando la gente se mete en problemas y sobre todo con la justicia, se sabe por dónde se empieza, pero no con cuántos antecedentes penales se terminará... Pero en Prision Break la conspiración se hizo más profunda al punto de poner en pantalla un magnicidio, fraguado desde las propias filas del gobierno (bonita idea de los estadounidenses de sus líderes), con un aparato tan absolutamente congeniado, que le entran a uno escalofríos... ¿En qué mundo vivimos, podríamos escondernos en caso de que nos cayera un San Juan alumbrado de este tipo encima?
Según Prision Break, es poco probable. Sin embargo, ahí anda Bin Laden y millones de terroristas más, sin contar agentes renegados de los servicios secretos, que revelan a troche y moche los contubernios de sus mandantes y nada... algunos mueren, otros no... otros escriben libros y se transforman en best-sellers. Otros, como es el caso de Bin Laden, como parece que no hay muchas ganas de encontrarlos, pues bueno, permanecen 'desaparecidos'.
La moraleja que debemos sacar del contenido de PB es que se necesita una fuerte voluntad del gobierno para desintegrarlo a uno en el aire. Claro que ante tanta desolación, ¿cómo pretenden ellos darle solución a este caso? Si el aparato es tan perfecto que anula cualquier evidencia salvadora o comprometedora ¿qué nos hace confiar que finalmente Burrows y Scolfield lograrán el triunfo de la justicia? ¿Qué justicia, si todo indica que no existe?
En la primera temporada los antagonistas eran mucho más reales, menos superdotados y por consiguiente por debajo de la genialidad proverbial de un Michael Scolfield (Wentworth Miller). Éste, aunque a veces metía la pata - quizás justamente, por creerse genio, la característica más detestable de este súper-héroe del s. XXI y casi siempre por cuestiones circunstanciales – fue reconstruyendo su rompecabezas, a partir del laberíntico tatuaje que marcaba su cuerpo, demostrando los valores de todo lo dicho anteriormente: había un fin, escapar, cada nuevo hecho, era un paso, aunque fuera de hormiga de avance hacia el superobjetivo.
Ya en la segunda parte de la serie, parece que tomaron prestados algunos de los aliens de la vecina Expedientes X, que gracias a sus súper-poderes, logran anticipar hasta el más insignificante movimiento del genial ingeniero.
Scofield se encuentra con la horma de su zapato, pero a tal punto, que a veces las dotes de los antagonistas rozan con la verdadera adivinación... Lo cual deja pocos minutos para el sosiego y crean una trama fatigosa, saturada y que se autodesgasta a cada paso.
Claro, la adrenalina del espectador moderno, no se activa de la misma manera que en la época de nuestros abuelos. Ahí está el somnífero Kung-Fu, que con una también absurda historia de un monje budista en los inhóspitos desiertos del oeste, lograba movilizar las atenciones de buena parte de las audiencias. O la rosácea y gentil Murder she wrote (Se ha escrito un crimen, Reportera del crimen, Apartado criminal JBF). Jessica Fletcher, creación de la sin par Angela Lansbury, a base de mucho blá-blá-blá fue durante largo tiempo uno de los programas más vistos del planeta. Ahora, tal como sucede en el Dr. House, también de la Fox (el ‘paquete’ debe ser un mal de la casa), hace falta darle al espectador la mayor cantidad de acción, sin importar con ello, se mate todos los días el producto.
En el capítulo de hoy, por ejemplo... escenificado en un hipotético Panamá (ni eso Hollywood se da el trabajo de reproducir bien con sus figurantes con espantosos acentos chicanos y horrible sintaxis). En un golpe de suerte, que los antiguos llamaban "un dios salido de la maquina", apelando a los implementos utilizados para hacer volar a dioses y héroes en los primordios del teatro, el agente Kellerman (Paul Adelstein), que si mal no recuerdo, literalmente había sido borrado del mapa, pues toda noción de él como agente secreto del gobierno se eliminó de los registros pertinentes, salvó a la Dra. Tancredi (Sarah Wayne Callies), que se metió en camisas de once varas, porque le dio la gana (tal como sucede a cada rato con Scofield), reveló un complot de las proporciones planteadas por la trama (involucra a un presidente de los EUA!) y no suscitó ni la más mínima duda, ni cuestionamiento... de hecho, se procedió por elipsis, él no relató todo, apenas nos pusieron ante un resultado concreto, pues el tiempo apremiaba y la 'duda razonable' que podía tener cualquier tribunal ante un testimonio tan libremente exculpatorio y por ende necesitado de absoluta verificación, sobraba.
Los personajes que miles de veces cambian de palo pa'rumba, que lo mismo tienen aspiraciones patrióticas, que luego se ven envueltos en las redes de la ambición económica, que lo mismo suben que bajan, cambian de bando, desaparecen, mueren al son de las necesidades, lo cual una vez más confirma que la idea no es llegar hasta el final, sino hacer todo porque el final no llegue, sin importar el sacrificio que haya que hacer. De hecho, es la filosofía que permea la propia persecución de los hermanos fugitivos, nadie es indispensable, todo es vulnerable y flexible.
Pues bien, Sara Tancredi sale libre, aunque en realidad tiene más de un crimen a sus espaldas y finalmente, cuando todo parecía esclarecido, incluso también con una fulminante absolución de Burrows (Dominic Pursell), por el simple testimonio de un individuo, cuya santificadora metamorfosis produce el odio y el sentirse traicionado, lo lleva casi al martirologio (él sabe que lo que hizo le costará caro, pero no importa, "para la resistencia francesa, era un honor morir en manos de un batallón de fusilamiento nazi").
Ahí se supone que debemos olvidar todas las perversidades que acometió en la primera fase y las bastantes que le tocaron en la segunda, porque en un acto noble y final, lo resolvió todo de forma increíble. Pura filosofía cristiana: arrepentirse en el último minuto, da la salvación. Así que, podemos inferir, que si Hitler lo hizo, los 50 y tantos millones que murieron por su causa, ahora caminan en paz a su lado en el Paraíso.
Ya habíamos presenciado un obstáculo forzado con la muerte del hermano de la presidente decía acabar con su vida, cuando Michael en una salida intempestiva decidía exponerlo, mientras que Kellerman le proponía una salida más racional... utilizarlo y sacar ventaja. Pero no, la razón no vale. Lo que vale es la emoción. La gente que TV no consume razones, consume emociones.
De PB se infiere que trabajar en el gobierno sella el destino de la persona. Muy probable... pero entonces ¿cuántos se han ido, han demitido, han salido o mantienen posiciones disidentes de la postura oficial de la Casa Blanca y no necesariamente acabaron muertos?
Cierto es que ya quedan pocas dudas que, por ejemplo, lo de Kennedy y su hermano, tuvo sus raíces en las más altas esferas y bastantes otras barbaridades, sin embargo estamos en una serie de ficción, en que sobrecargar la mano con cualquier elemento, ya es un error de manejo dramatúrgico
Y así por delante... mentes brillantes anticipadoras, policías panameños que aparecen a las menos cuarto (y por cierto, que hablan todos inglés a la perfección y con acentico californiano), un sentido de la legalidad absoluto en un país, con bastantes lagunas legales y pocos escrúpulos, empezando por su ex presidenta (¡una Caroline Reynols cualquiera!), una extraterritorialidad (que también no es tan increíble, aunque sí la exactitud y la oportunidad de sus agentes) que hace a los cuerpos norteamericanos actuar desde México, hasta la Patagonia... Con un cuadro así, repetimos ¿a dónde y para qué huir? Siempre los encontrarán... Sin embargo, y también lo repetimos, cuántos bandidos perdidos andan por el mundo y nadie les da captura.
Cuando el complot de la Reynolds parecía agotado (que al fin y al cabo resultó hasta tener implicaciones de incesto, la presidente y su hermano se entendían de una forma mucho más romántica que sus fraternales lazos permitían), cuando supuestamente Burrows quedaba libre (del mismo burdo brochazo que mencionamos antes) y lo de Michael quedaba en veremos con la promesa de mover los hilos (¿por qué no se hizo desde el principio? "Quien tiene un padrino, se bautiza"), se hace más evidente otra línea que venía emergiendo ya por debajo del complot de la presidenta y la maquiavélica compañía de multinacionales que rige el destino de los EUA: un proyecto secreto (cara de eso tenía y aquí, una vez más caemos en los elementos que permean las mentes norteamericanas... que ya dio 8 temporadas de hechos paranormales con Mulder y Scully) y bingo! el chino odioso (el agente secreto Bill) aparece también como salido por arte de magia (ya sus dotes de adivino, así como las de Michael lo habían llevado a un depósito como debe haber unos cuantos en ciudad Panamá, ciudad portuaria por excelencia, sin haber recibido orientación al respecto, sólo mencionado la locación) cuando estos supuestamente se habían alejado lo suficiente y recibe un tiro de la muchacha que CON TANTO ESFUERZO se liberó del yugo de la prisión injusta! O ella está osobo o sencillamente esto es un gran paquete.
Y entonces otra vez más el altruismo, esta vez patrocinado por el amor carnal, se impone y Michael Scolfield (ya próximo a los finales de temporada) carga con las culpas y vuelve a una prisión, ¡y qué prisión, una prisión panameña! Los demás, seguirán con sus erráticos destinos, en los delincuentes comunes, se han vuelto héroes de las masas, por el hecho de una persecución, que es sólo injusta en 2 de los 8 casos. Otro detallito, que nadie, imbuido por la intensidad de las peripecias parece reparar... Se sabe que los valores de hoy en día transitan por corredores más anchos, pero no es menos cierto que por muy simpáticos y empáticos que se hayan vuelto por sus trayectorias erráticas bajo la presión persecutoria, sus delitos siguen siendo delitos.
La novedad de la nueva temporada: la retribución a los malvados que no se redimieron con el mismo caldo... ahora Scofield estará preso, con el teóricamente balanceado Mahone (una vez más, no es malo 'porque sí', sino porque las circunstancias lo obligaron... well, uno es un gran patriota, por eso es capaz de matar, el otro tiene un hijo y una mujer bajo amenaza y eso lo hace capaz de matar... bueno, sí, justificable, pero aún así....), que en castigo por su mezquindad (en último momento quiso matar a los buenos, acusarlos de un crimen y robarles su dinero... que en realidad, tampoco es de ellos...) irá preso también e imaginamos que eso redindirá otra estela de acontecimientos en la tercera entrega que ya empezó en pasados días en los EUA...
¿Podrá Scofield escapar esta vez? Vamos a ver, todo depende de hasta dónde llegue la burbuja del chicle de la Fox y cuán rápido estalle en sus labios... Por ahora, vislumbramos, que ésta será de nuevo la temporada de la cárcel y la próxima (si hay) una vez más traerá una persecución. Y nosotros aquí, aburridos frente al televisor.
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