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Vidas cruzadas - la novela-paisaje

Por: Antón Vélez Bichkov ©

Vidas cruzadas no inaugura la novela-paisaje, pero sí le rinde grandes honores. Una trama tenue, al punto de la invisibilidad, transcurre bucólica descontándole minutos a la brevedad de su jornada.

Corta, quizás a la fuerza, la 'telenovela' se ha tomado mucho tiempo para plantear su asunto (muy a pesar que alguien tan autorizado como Julio Cid la viera fuerte de inicio).

Postergado para los finales del capítulo dos, el detonador se apagó en una elipsis poco consonante con el género y el nudo, aquello que centrifuga los destinos de los personajes, se amarró casi por inferencia.

Las armas de la emoción, que tanto se usan en el campo de la prensa, no disparan en los dramas made in Cuba muchas municiones, invirtiendo la regla de lo periodístico y lo ficcional.

Y aquí han estado más silenciosas que nunca. A veces por opción no siempre acertada de la libretista y de la dirección.

En diálogo (colmado de alegrías, por su respeto y la fluidez de ideas) Heik…

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