Simone un Enorme privilegio

Por: Antón Vélez Bichkov

Íbamos a tener un enorme privilegio, pero el destino, sus dioses o los hombres – que hacen y deshacen – lo impidieron. El recientemente resuscitado Festival de Varadero la esperaba con ansia, con todo, en el último momento su equipo de producción desmintió la visita, incluso después de haber sido anunciada en el sitio oficial del evento. Hablamos de Simone Bittencout de Oliveira o sencillamente Simone, una de esas pocas que ha ganado el privilegio que años atrás enunciaba el escritor portugués y premio Nóbel de Literatura José Saramago: ser conocida apenas por su nombre de pila. No recuerdo exactamente la cita, pero la idea es esa: quien se conoce sin necesidad de apellidos, puede estar seguro que alcanzó la inmortalidad.


Y en el caso de Simone, crítica más, críticas menos, no pensamos que alguien se atreva a negar su espacio en la historia de la Música Popular Brasileña o sencillamente MPB, como comúnmente se le conoce, gracias a esa economía lingüística que casi a la fuerza impone el coloquio cotidiano. Simone, a no dudarlo, es dueña de muchos dones. 

El primero, dado el mismo día de su nacimiento a las 00h07 del 25 de diciembre de 1949. Para muchos esa voz es un don divino – no por gusto, dirán – pues la singularidad de su grave y la multiplicidad de matices que puede adoptar, le dan un color único no sólo en Brasil, sino en el planeta.

Este don, automáticamente, acarrea otro, que es la enorme popularidad que durante estos 35 años de carrera – celebrado el 20 de marzo del corriente – ha gozado. 

Aún hoy, con un éxito más atenuado, Simone continúa siendo una de las artistas con mayor número de discos de platino y oro, sumando, de forma extraoficial, unos 15 millones de copias vendidas a lo largo de los años. En los 80, sin dudas lo fue, sólo superada por Xuxa, una cantante infanto-juvenil que, difícilmente, podría encajarse en cualquier registro serio de la música.

Pero a diferencia de sus actuales colegas, hijas de un éxito instantáneo y muchas veces fugaz, su nombre se fue tejiendo con tino y sin prisas, recorriendo un camino desde la canción más auténticamente brasileña, hasta las celebradas baladas-orgasmo, estilo que casi inauguró y del cual se hizo una absoluta especialista. 


Per aspera, ad astra, decían en la antigua Roma y Simone, aunque no vivió las agraruras existenciales de otros intérpretes, refleja cabalmente este proverbio que asegura que antes de llegar a las estrellas, antes hay que pasar por las espinas.

Fue presentada, oficialmente, en una noche de gala de un hotel paulista. Era, como dijimos, 20 de marzo de 1972 y esa noche salvo el productor Moacyr Machado y algunos otros, pocos en la industria y la crítica conocían a esta morena exuberante, de cabellera copiosa, que fue su marca registrada casi hasta la presente década. La ‘Cigarra’, como la bautizaron posteriormente gracias a una canción y disco homónimo, nacía por segunda vez y emprendía un vuelo lento, pero seguro. La tercera vez, según criterio de muchos, fue el 7 de diciembre de 1982 (diez años más tarde) cuando acompañada por un coro de cien mil voces, Bittencourt de Oliveira, se transformó, al decir de la prensa del momento, en una estrella más del firmamento.

Entre el día del estreno oficial y esa noche, llovieron muchas canciones, sonaron muchos aplausos y las aguas tomaron varios rumbos, pero siempre por el cauce de su singular personalidad, única y marcante, aún y cuando, para muchos hacía imperdonables concesiones al más elemental gusto popular. Pero seamos clásicos, contemos la historia desde el comienzo.

Simone nació en una familia de un cantante de ópera y una pianista. De los muchos hijos del matrimonio, ella fue la séptima y la única que magnificó esa herencia musical, impregnada en su código genético, pero no en su raciocinio intelectual, pues jamás estudio música, ni cosa parecida, aunque casi en un acto de magia, pudiera asimilar cualquier melodía y domarla a su forma y estilo. 


Por haber nacido en Navidad – Natal en portugués – iba a ser llamada Natalina. Un milagro– quizás navideño – la libró de ese nada eufónico nombre, siendo bautizada con el que actualmente usa. Para los esotéricos, el nombre vibra con la persona y uno obtiene el que le toca por virtud.

Como tenía estatura y figura poco usual para su edad, rápidamente, la encausaron en el deporte, aunque de vez en cuando cantara en actividades escolares y presentaciones informales. Siempre se quejó de recibir un solo regalo de cumpleaños y navidad. Por eso, cuando tuvo consciencia suficiente y luego de una bastante aceptable incursión en el básquet – llegó a entrar en la selección brasileña de esa disciplina – hizo una prueba como cantante, gracias a la buena amiga Elodyr, con quien estudiaba guitarra en sus tiempos libres. Eso sí era un presente para ella.

Elodyr la introdujo al mencionado Moacyr Machado, en aquel entonces ejecutivo de la ODEON Brasil (posterior EMI). Así cantó en una cena en casa del ejecutivo, que luego de haberla escuchado y convencido de su potencial, rápidamente, la incluyó en el reparto de su disquera, dándole un privilegio poco común, estrenarse en el extranjero y a la postre grabar un disco, incluso antes de ser conocida en el país. 


Los primeros escenarios que pisó fueron el Olympya de París y el Madison Square Garden de Nueva York (sic), viajó por Bélgica y Canadá, participó en la gira del Tamba Trío e interactuó con algunas figuras de peso de la época.

Al regresar entró en estudio para registrar su primer trabajo, quizás el más desconocido, pero no por ello menos maduro. 


Las 12 piezas del LP mostraban a una intérprete que no era apenas potencialmente grande, Simone ya mostraba sus armas, al punto que Hermínio Bello de Carvalho – su mentor y amigo, importante letrista y personaje de la industria del disco del momento – según cuentan algunos, la presentó al maestro Leo Brower. Profético, Brower, al oír el material, pronosticó una importante trayectoria.

El disco, pasó inadvertido para el gran público. Sólo se vendieron cinco mil copias y Simone comenzó a ser considerada una artista de élites culturales, pues su pegada entre la intelectualidad fue obvia. Muchos comenzaron a trazar paralelos con otro de los vozarrones de la MPB, Maria Bethânia, la Abeja Reina. 


El mismo origen, timbres asemejados en la gravedad y la potencia, fuerza expresiva y dramática, eran factores para tal comparación. Las dos voces, sin dudas, estaban aún en bruto. Como el diamante más valioso, ambas necesitaban pulir sus timbres, para sacarle más partido a su instrumento vocal... y aunque al principio había una innegable semejanza entre ambas, Simone, rápidamente, demostró singularidad y estilo propio.

Bethânia, era del clan del ‘mano’ Caetano y de aquellos que, gracias un proyecto homónimo posterior, serían llamados los ‘Dulces Bárbaros’. Hablamos de Gil, Gal y los propios hermanos de Santo Amaro. Ella hacía ostentación de esa ‘bahianidad’ que, aunque presente y perceptible en el color y calor de su canto, Simone nunca explotó lo suficiente. 


Quizás en su discografía primaria, la extraoficial, se percibe más este espíritu. Pocos saben que Simone fue de las primeras en regrabar Cada macaco no seu galho, del olvidado y después resuscitado Riachão. Gilberto Gil la cantó en el 72, su propio compositor en el 73 y el grupo Gang do Samba en 1999. El tema era parte del popurrit Sambas de roda da Bahia que traía otros ejemplos del género, insertado en el disco Festa Brasil. 

La vena folclórica se manifestaba también en el potente Canto Negro (LP À Bruxelles) en que, casi en desafío, Simone lanzaba un llamado a dos dioses fieros del Candomblé: Xangô y Ogum. En contraste, dulce y melodiosa, como la Oxum de cabecera de Meninha de Gantois, la cantante, recordaba a la gran mãe de santo, que según Dorival Caymmi era la “Oxum mais linda que há...”.

En otras participacipaciones especiales Simone siguió visitando la obra de ese coterráneo suyo y aún con impericia, pero apoyada en su instinto sin igual, salía airosa del reto de cantar Coqueiro do Itapoã/João Valentão, que ya para ese momento eran clásicos de la MPB.

En algunas entrevistas, Simone aseguró nunca haber recibido demasiado apoyo de sus paisanos, aún y cuando los conocía a todos (con Gal, incluso se dijo que tuvo amistad). Aunque Bethânia, Caetano y Gil, llevaran unos cuatro años en el mundo artístico ninguno le tendió la mano en sus principios. Por eso no es de extrañar que en poco tiempo Simone se enrumbara hacia el grupo ‘minero’, encabezado por Mílton Nascimento.

Su perfil bahiano fue atenuándose – quizás por decisiones empresariales – y su mirada se dirigió al interior del Brasil, buscando reflejar esa riqueza cultural y rítmica, también en franco auge en la década del 70. Incluso hoy muchos mimos de la crítica van dirigidos a aquellos que guardan un aire rural en sus composiciones, redescubriendo la más auténtica raíz; quizás ven en eso una respuesta al monopolio de los sonidos urbanos y, particularmente, cariocas, dado desde los tempranos años 30 en la industria musical, debido a la explosión del samba. No por gusto, esta fue la etapa que mejor se relacionaron la intérprete y la prensa especializada, que la tenía en el foro de los dioses.

Así, Simone en sus primeros trabajos se viste con las melodías de Qui nem jiló, A saudade mata a gente, Baião do coração, O trem tá feio, Paixão e fé y otros temas típicamente campesinos o influenciados, casi desaparecidos en la década posterior de su discografía. Pero no sólo. 


Desde el comienzo, los mejores compositores, como João Bosco y Aldir Blanc, un dúo descubierto por Elis, la proveyeron de importantes números de sensibilidad citadina como De frente pro crime, Fantasia o Bodas de prata, los tres del disco Quatro Paredes (1974), un trabajo que refleja rigor y buen tino en todos sus aspectos.

Como toda artista que se precie la obra de Simone fue de la mano de los tiempos, cantando en clave y en el lenguaje de los jóvenes los problemas que aquejaban al país y su generación. Quizás el único resultado positivo de la dictadura brasileña fuera la proliferación de obras ricas en metáfora y compromiso social; obras en que la mente humana probó toda su capacidad figurativa al decirlo todo, sin decir nada. Sólo gracias a esta cualidad pudieron evadir el zarpazo de la censura temas tales como O ronco da cuíca (lanzado en single ese mismo año luego de muchos sinsabores) o Charada, que cierra repitiendo: “Y si yo hablara claro, todo el mundo iba a entender”.

Y claro, estaba la Simone romántica que, tímidamente, asomaba sus colores en canciones que, con tratamiento algo más sutil que de costumbre, hablaban de las mismas emociones repetitivas del amor ‘industrializado’. 


Sólo Dios sabe si era su destino natural caer en los brazos del romanticismo más explícito, pero la inclusión en su repertorio de Nosso amor não deu em nada, Maior que o meu amor, éxito en la voz de Roberto Carlos o Proposta del propio dúo de compositores (Roberto & Erasmo), denunciaban una secreta preferencia. La introducción de temas tales como Vou apagar a luz (versión brasileña del tema de Manzanero, grabado después en español) y Cabecinha no ombro, en shows tan dramáticos como Face a face, demuestran una vocación sentimental, que sería acentuada en la década del 80.

Habría que preguntarse ¿cuál de las Simone era más sincera en el plano artístico, aquella que en los 70 brillaba con repertorio de difícil digestión para las masas, haciéndose eco de la época, pero que al mismo tiempo se declaraba fan explícita de Roberto Carlos (RC) o aquella que una década más tarde, tendía más hacia el color de rosa, aunque también filtrara en su discografía algún que otro material más complejo para que su público disfrutara?

No hay dudas de una cosa: Simone fue tejiendo su obra de forma invariable hacia el éxito comercial y uno va percibiendo como sus LPs se van volviendo más amenos, menos sombríos y por ende más sintonizados con un gusto masivo, conforme va avanzando la década. Los 70 inspiraban aires revolucionarios y Simone seguía, ya fuera por preferencia artística o por imperativos del mercado, esa inspiración.

Cada nuevo disco de Simone parecía reflejar el estado de cosas imperante y mientras El Rey (RC) brillaba a partir de la neutralidad y el convencionalismo azucarado de sus discos, Simone iba sumando público a partir del retrato hablado del país que de forma direca o indirecta pintaban sus LPs. Ella también asumió una postura de feminismo semi-militante, que cristalizó de forma definitiva de las postrimerias de la década, cuando las cantantes, gracias, en mucho, al éxito comercial de SBO, comenzaron a ser tomadas en cuenta como jugadores fuertes en el mercado.

Así entre denuncias veladas, contenidas en canciones de aparentes sinsabores amorosos como Face a face, Jura secreta o Começaria tudo outra vez (“a Cuba-livre da coragem em minhas mãos...” versos que en contexto suenan inocentes o melodramáticos, pero fuera de ellos, deja mucho en que pensar), la reinvindación femenina a costa de canciones casi todas nuevas (Assim não dá, Chegou a hora, Nosotros, Idolatrada) y rebuscando en las emociones más añejas del ser humano como la soledad, el dolor, la decepción, etc. rescatadas de los clásicos de los 40-50 (Bandeira branca, Matriz ou filial, Disfarce), Simone saltó de las cinco mil copias en 1972, a las cincuenta mil en 1974 y 1975 y cientocuarenta mil en 1977, cuando entra en el Toc100 con los mencionados Face... y Jura...

Ninguno de los dos hoy en día podría ni siquiera aspirar a un centécimo lugar en las listas de preferidos, pero los tiempos eran otros. Miles de jóvenes luchaban contra la feroz dictadura, el país vivía en una constante sosobra, sólo mitigada por la neutralidad connivente de los medios, particularmente la TV, que justo en esa época recibió un fuerte impulso de las autoridades que querían ver en pantalla y en el aire (sólo ahí, quizás) un “Brasil nuevo, bonito y próspero”.


Sólo el universo de la música que salía de una etapa de armonía social, por así decirlo, fundamentalmente por la ausencia del tema en sus letras y obras (si es que alguien puede considerar un alegato social los cadenciosos versos de A Felicidade: “Tristeza não tem fim, felicidade sim...”) comenzaba a perfilar entre líneas un genuino patrón de protesta, a cuyos imperativos había que atemperarse, ya sea por consciencia o conveniencia, pues eso dictaba el ritmo del momento.

La juventud radical (o no) buscaba íconos adecuados a esa experiencia contradictoria y rebelde, densa y reflexiva. Era una noche mortífera y a la vez fecunda, cuyos hijos eran iniciados en su culto apenas de la mano de la metáfora compleja, inconforme y transformadora. Caetano y Gil fueron al exilio; Chico también. En la tierra brasileña sólo quedaron las cantantes (Bethânia, Gal, Simone) que amplificaron a partir de un aparente discurso interpersonal, cuestiones que se iban más allá del fuero íntimo y se volvían propiedad del inconsciente colectivo, que oía una cosa, pero entendía otra totalmente.

Justamente fue Chico Buarque el que le proporciona su primer éxito radiofónico. O que será? tema del filme Doña Flor y sus dos maridos (en sus disífimiles versiones À flor da terra, À flor da pele, etc.) se volvió un hit gracias al éxito taquillero de la cinta, que hasta hacía poco retenía el récord de espectadores en un filme brasileño (casi doce millones). 

Simone era para la gran masa una perfecta desconocida y por eso cuando en los créditos – batallados para recibir un lugar de preponderancia – aparecían en la pantalla, la muchacha quería saltar en el asiento de la sala oscura y gritarle a todo el mundo: “¡Soy yo, soy yo la que canta!”.

Para romper el mito de artista elitista – ya en parte quebrado por sus incursiones en las listas de más tocados – Simone se presenta con Belchior (otro grande en ciernes) en el proyecto de música a precios populares Seis y media. Los exorbitantes precios que hasta hoy imperan en el showbizz brasileño (¡hasta cien dólares por presentación!), impedían a las masas acudir al teatro con regularidad a ver a sus figuras favoritas, pero este empeño buscaba en un horario alternativo (las seis y media de la tarde), posibilitar a la gente sencilla obtener el goce con los cantantes más importantes del momento.

En su momento, hizo algo parecido con otra de las imprescindibles de su obra, la compositora Suely Costa, que además de haberle regalado Face... y Jura... (originalmente previsto para Bethânia, pero rechazado por ella), fue responsable con Abel Silva de standards en la voz de Simone como Medo de amar # 2, lanzado en el 78, Cordilheira en el 79 y Alma en el 82.

El deshielo que se mencionaba en Face... comienza a producirse poco a poco y para 1978, la coyuntura política es menos adversa. Simone en esos momentos ya es una estrella de considerables proporciones y como respuesta, quizás, a este panorama más alagüeño, su repertorio va abriendo el espectro y tornándose más colorido. 


Del gris algo sombrío, su discografía gana colores de esperanza con Cigarra, un lanzamiento histórico para su carrera, pues además de garantizarle el eterno apelativo, también es un puente entre una postura de cantante para segmentos específicos del mercado, como las juventudes intelectualizadas y una cantante más ecléctica, aunque manteniendo niveles de calidad ostencible. 

La crítica no fue de la misma opinión y de un modo u otro masacraron este lanzamiento, tal vez no tanto por la calidad de sus interpretaciones, sino por el orden en que estas se ubicaron en el LP. Aunque esté repleto de piezas de indescriptible belleza, Cigarra tenía una dramaturgia desconcertante, que sólo con el tiempo se atenuaba en nuestras percepciones.

El tema homónimo era un encargo especial de la cantante a su amigo Mílton. Nascimento, escribió la canción en una servilleta de avión, mientras regresaba del extranjero. La letra era sin dudas esperanzadora y grande en su sencillez: “(...) porque ainda é inverno em nosso coração/ esta canção é para cantar/ como a cigarra acende o verão/ e ilumina... o ar!”. Las lecturas aquí tienen múltiples niveles.

En primera instancia, se trataba de un texto explícito, de respuesta a la petición de la cantante. La preferencia por la cigarra, se dio a partir de una revelación que recibiera Simone en su grupo de estudios filosóficos Gostas de Orvalho (Gotas de Rocío), en que uno de los maestros le dijo: “Tú eres una cigarra”. El simbolismo – claro a la luz de los años, pues Simone actuó como la Cigarra de la fábula, no guardó para tiempos difíciles y dilapidó sus fuerzas, en la diversión y lo efímero – quizás no tuviera contornos exactos en ese momento, pero lucía bello e implicaba una idea de elevación y ligereza.


La hormiga, por su parte (la otra cara de la moneda en la fábula y canción), se esfuerza y camina por el suelo, cargando a veces más peso del que puede. Pero no sólo ahí había metáfora acumulada. El invierno – siguiendo el código del cuento – no era más que la dictadura y el verano, pues su fin.

Su preludio instrumental, que va de lo sombrío, pasa por el caos y termina en una eclosión vital, sólo comparable al nacimiento de un gran sol, da el tono de una nueva etapa de vida, marcada por la elevación de los sentimientos y un gozo, casi rozando en el hedonismo. La irreverencia juvenil gana traducción en Petúnia Resedá, As curvas da estrada de Santos y Sangue e pudins, donde sencillamente Simone pierde la cordura y nos da uno de sus momentos más trascendentes en estudio. Jamás lo repetiría, quizás amedrentada por el reproche de algún crítico purista, ansioso de ver manifestaciones de buen gusto en la discografía nacional. Contradictoriamente, en muchos álbums de la década siguiente, su interpretación de estudio sería catalogada de fría, en comparación con su proyección en vivo.

Medo de amar # 2 despierta a una hechicera musical, que nos seduciría en más de una ocasión con baladas, a las que después se les agregaría el apellido de ‘orgasmo’, debido a sus implicaciones eróticas. El amor lírico en la incomparable Diga lá, coração, de uno de sus constantes de carrera Gonzaguinha. El mensaje a los que ‘están lejos’ (en la emigración entiéndase) en Coisas da balada y A sede do peixe. Una gota de optismo em Então vale a pena (escaso esponente de la poesía y melodía de G. Gil en su obra) y otra de melodrama en Ela disse-me assim (Vai embora) de un maestro de la canción sentimental, Lupicínio Rodrigues. Esa variación en el repertorio descubre a Simone para las grandes masas, que comienzan a abarrotar sus conciertos, que se multiplican como los panes. Por diez mil copias Cigarra no llegó a ser disco de oro, en la época ascendente a 150 mil unidades.

La noche negra comenzada con el AI-5 (Acto Institucional # 5), que cercenaba las libertades más elementales, comienza a disiparse con el gobierno del dictador Figueiredo. Él abre un poco las compuertas y deja aflorar mucho de lo que estaba preso entre pecho y espalda y la censura permite que salgan a la luz temas que estuvieron vedados todo ese tiempo. En ese contexto el seriado Malú Mujer, descuella con temáticas tabú como la liberación de la mujer, el aborto, el amor homosexual, el acoso sexual y muchos otros. Su tema Começar de novo, es una metáfora válida para Malú, que sale de una relación opresiva y humillante y también para la nación. Simone se impone definitivamente en el firmamento brasileño con la canción de Ivan Lins y Vítor Martins, que como sucedió con Jura... la Abeja Reina, Maria Bethânia declinó.

El disco Pedaços – otro hito de su carrera – le garantiza el primer galardón de oro, pues llega a la marca de las 250 mil copias vendidas. Más allá de Começar... Simone logra ubicar entre las cien más tocadas de ese año Sob medida y Tô voltando, el primero un bolero casi desfachatado de Chico Buarque, en que Simone se declara: “bandida y mujer a la medida...” y el segundo un samba perfectamente letrado por Paulo César Pinheiro e ideado por Maurício Tapajós, que retrata todas las emociones de alguien que “está volviendo...” (del exilio, de la prisión, del encierro...). Dato curioso es que Sob medida, ese mismo año entró dos veces en las paradas, hecho hasta ahora jamás repetido. Una, en esta versión de SBO y la otra en voz de Fafá de Belém, que también comenzaba a aparecer con frecuencia en la radio y los medios.

El repertorio de Pedaços, contrario a la idea implícita en su título, era de una solidez inclasificable. Además de Ivan Lins, Chico Buarque, multiplicados en Saindo de mim e Pedaço de mim, respectivamente, por aquí aparecerían nuevamente nombres como Mílton Nascimento, que le regalaría dos temas (Povo da raça Brasil e Itamarandiba), Fátima Guedes, con la psicológica y sutil Condenados y dos mujeres más, la ya conocida Suely Costa, que comparece en Cordilheira y Vento nordeste e Isolda, que reconoció, con justicia, que nadie supo cantar su canción Outra vez, como lo hizo Simone, muy a pesar de que el éxito fonográfico lo alcanzó en la voz de Roberto Carlos.

El pecado capital de grabar un éxito de El Rey – no porque fuera intocable, sino por ser kitcsh – se lo perdonan pocos, quizás por las magnitudes que iba alcanzando el fenómeno de la bahiana. En nueve ocasiones seguidas logra abarrotar el gimnasio Ibirapuera con capacidad para quince mil espectadores. Muchos quedan fuera, ansiosos por ver a su estrella. Sólo El Rey es capaz de competir en éxito con sus giras. 110 conciertos demuestran la popularidad que alcanzó. Por primera vez una mujer consigue llenar el Mineirinho, local deportivo de la capital de Minas Gerais (Belo Horizonte). De ahí que rápidamente se vayan trazando otros paralelos. 


Si en el pasado la comparaban con la Bethânia – que por esos días también gozaba de buena repercusión – hoy el parangón es el hombre que ha demostrado ser el mayor vendedor de discos de la historia del Brasil. Y eso es toda una proeza, no de la Simone, persona individual, sino de la mujer brasileña en general.

La industria comienza a invertir en las cantantes y es justo ahí que nuevas voces como Joana, Fafá, Marina, ganan impulso. Gal y Bethânia ya tienen nombre, así como Elis, que curvándose a los imperativos del mercado, también tiene que aerear más su cancionero, con temas que busquen la sensualidad. No creemos que haya error al decir que Simone cambió el rumbo de la mujer en el arte musical. A partir de ella se impuso una pauta que de un modo u otro siguieron todas las cantantes, incluso las consagradas.

Ese período de explosión femenina coincide también con la reorganización de las fuerzas ‘productivas’ de la industria musical. Los amos del norte, disgustados con las pérdidas que en los 70 les provocó la canción brasileña, están dispuestos a cobrar con creces la deuda. Según especialistas, las pérdidas más que por una industria ineficiente o que invirtiera en nombres de poca salida masiva, fueron consecuencia del deseo casi voraz de imponer en el gusto de los brasileños el producto enlatado de la matriz central. Muchos dólares se gastaron para sobornar a los programadores radiales, que a la postre, pondría, en gran escala, el producto musical norteamericano. 


Cierto o no, muchos de los ‘medallones de la MPB’ – como comúnmente llaman – si hubiera un esquema comercial mucho más rídigo y engrasado como el de hoy en día, difícilmente habría trascendido o habrían transitado con muchas más máculas y vergüenzas en su carrera. De hecho, muchos tuvieron que asumir el camino más fácil de la sensibilidad popular, cediendo ante la presión de las transnacionales.

Simone fue el blanco natural de la fortalecida CBS, que venía dispuesta a dar un vuelco en su aventura brasileña. El que parecía ser su contraparte masculina, RC, ya estaba en su plantilla. Se fue a la caza de Djavan, otro artista de perspectiva y se consiguió. Con la Cigarra el cast de estrellas de primera magnitud estaba listo. Aún en la EMI ella lanzó en En vivo – cuyo buen repertorio sufre de las carencias técnicas de la época – y el disco homónimo Simone (conocido por algunos como Música, música) de 1980 ambos. Aunque el registro del 80 logró alcanzar la marca de su antecesor – 300 mil unidades – no gozó con la misma repercusión.

Como reza la máxima brasileña: equipo que está ganando, no se altera, por ello, aquí se trata de hacer un disco en los moldes de Pedaços, incluyendo otro samba de Tapajós/Pinheiro Rainha morena; Ivan Lins y su compañero, buscan reciclar la emoción de Começar de novo con Atrevida, que con igual éxito puede considerarse una segunda parte o un refrito de la primera, aunque no por eso de mala calidad; Mulher e daí y Do meu jeito (Gonzaguinha) siguen la estela feminista de Sob medida y Estrela da canção reedita los aires de bolero que antes imprimió el tema de Chico.

Para Lennon e McCartney, de Nascimento/Brandt cumple la función social de Cordilheira y Novo tempo también de Lins/Martins da la tónica optimista del momento. La gran novedad del álbum es Mar e lua, canción de Ch. Buarque que pone en evidencia la identidad sexual de la cantante, que implícita de un modo u otro en su obra, jamás fue utilizada como señuelo para el mercado.

Ya Sangrando y Música, música, son los temas de la gloria, de la consagración en el firmamento, pues ambos hablan de ese momento de gozo supremo que es la entrega al arte de cantar. Como ya se ha hecho costumbre Simone es secundada por el jet-set de la MPB, al grabar su primer dueto, con la diva Ângela Maria – sin duda un referente en su carrera – y contar con un coro compuesto por las especialísimas voces de Nana Caymmi, Clara Nunes, Sueli Costa, Fátima Guedes, Abel Silva, Cláudio Nucci y Paulo César Pinheiro en las dos canciones que abren este párrafo.

La era CBS santifica lo que hasta ese momento se venía produciendo: el cambio de rumbo. No podemos negar que fue una transformación paulatina y coherente, que sucedía con cada lanzamiento, de ahí que no hubiera una ruptura radical con su raíz musical, sino una evolución hacia un resultado, a ojos vista, ampliamente buscado por la cantante: el éxito.

Amar, su primera experiencia en la nueva multinacional, es un disco optimista, “grabado en 15 días y mezclado en 5, en plena primavera”. Con un enunciado así, difícil sería pensar que el público, ávido de beber del sentimiento que más capitaliza sus emociones, encontraría un trabajo de demasiadas complejidades. No obstante, su resultado final, no es negativo.

Este álbum unió a la cantante con Mazzola, para cuya productora Simone grabaría casi todos los discos de la época y la mitad de la siguiente. El cambio de productor, también trajo un cambio de estética. Estábamos en los 80 y eso debía hacerse notar. Como es costumbre sus habituales comparecen en dosis doble: Suely, Mílton, Chico... no está Ivan Lins, pero en contraste entran tres figuras que la acompañarían durante muchos años como el letrista Fausto Nilo responsable de buen número de éxitos como: Pão e poesia, Pequenino Cão, Um desejo só não basta y Você é real; el superlativo Tom Jobim – grabado por primera, pero no por última vez y nuestro Pablo Milanés.

A éste lo conoció de cuando Simone viajó a Cuba en el 79, junto a Chico y otros artistas. Aquí pasa totalmente inadvertida, según testimonios, pero esto no le resta la positiva impresión que nuestro país le dejó, confesada a la prensa a su regreso. “En Cuba no hay niños de la calle”, decía la cantante, admirada por la política social de la isla. Además de la admiración, Simone cargó en sus maletas con una obra que sería su primera incursión en la canción hispana. Se dice que no hubo tiempo de adaptar Yo no te pido, pero lo más probable es que se trataba de un flirt con los fans argentinos, que seguramente cosechó ya para esos momentos. El lanzamiento de Alfonsina y el mar, un año después y Contigo aprendí, evidencian las rutas en que serían trabajados los discos.

Si en Mar e lua la relación mujer-mujer, se abordaba de un modo sutil, Bárbara, también de Chico, tiene poco que ocultar. Además de contar en los vocales de Pão e poesia con el cuarteto MPB-4, Simone se hace acompañar en este disco de Gal Costa y Toquinho, que hacen la voz y la guitarra del ya mencionado y polémico tema homoerótico. Simone, entra con todo el grave de su voz, buscando acentuar el contraste de por sí evidente con la voz agudísima de Gal. El resultado es fantástico y el público correspondiente ‘capta el mensaje’. Amar conquista para Simone su primer disco de platino, pues rebasa las 400 mil unidades vendidas.

La Globo por primera vez le dedica un especial. El del 79, fue compartido con todas las estrellas de la banda sonora de Malú Mujer. Simone consigue una proeza: llenar la Quinta da Boa Vista y ser acompañada por un coro de cien mil voces en su evocación de Pra não dizer que não falei das flores, himno contra la dictadura, que ni siquiera su autor Geraldo Vandré, había podido grabar por la censura y que ella registró por primera vez en su disco En vivo de 1979. Junto a ese algunos otros temas, que el público se sabe de demoria y que cree insuficientes, llegando a exigir su presencia, en detrimento de los artistas que le seguían en la lista de este primer concierto multitudinario.

Tal repercusión hacen que su próxima entrega Corpo e alma se sitúe entre los más vendidos y alcance las 700 mil copias, rompiendo todos los récords. El disco sigue una estructura convencional. Reserva la cara A, para los temas francamente románticos y la Cara B, para los temas de mayor inspiración social e, incluso, revolucionaria. Su sonido es neutral y se encaja más esa fase de ice cream-MPB, como la llamaría el semiólogo Décio Pignatari, pero aún así trajo un gran clásico de la carrera de Simone, la inmoral Alma, de Suely Costa y Abel Silva. La gran novedad quizás es que este lanzamiento contó participación norteamericana en su concepción. Tô que tô, una canción caótica y sin mucha definición de estilo es escogida para la presentación de la telenovela Sol de verão, lo cual se ha hecho ya una costumbre desde finales de la década anterior y prosigue hasta nuestros días: Simone es una de las artistas con más incursiones en bandas sonoras (cerca de 37 telenovelas).

Delírios, Delícias, del 83, aún no entra en la serie de discos francamente prefabricados que vendrían después y cuenta con buen repertorio y un equipo de todos estrellas. Se componen temas inéditos, especiales para la producción. Se potencian los ‘matrimonios’ entre 'estrellas de la casa' y Djavan le regala una pieza a su colega de discográfica. Su primera acción de este tipo, entrando en la CBS, fue la canción A Ilha, que RC incluyó en su disco de ese año. Curioso es que nunca más se repitiera; tal vez, por ser Djavan un autor demasiado sofisticado para el gusto de los seguidores de El Rey. Sin embargo, Liberdade, sí le viene como anillo al dedo a Simone, que aún conserva los vuelos poéticos de otrora. Paulinho da Viola – también descubierto por Bello de Carvalho – compone Retiro y lo canta con ella. Mílton realiza el encargo de homenajear a Fernanda Montengro, actriz y gran amiga de la Cigarra y de esa necesidad nace Mulher da vida. Só de amor, un blues grandilocuente y expansivo, viene a cumplir las funciones que Emoções cumple en el repertorio de Roberto Carlos. Mientras Coisa feita, de Bosco/Blanc es la encargada de darle el ritmo rescatando el samba más bailable e intenso. Sin embargo es el samba-enredo suavizado O amanhã, el que quedaría en la memoria del público y en los shows de Simone, hasta los días de hoy.

Si los discos, a criterio de la prensa especializada, iban perdiendo matices, los multitudinarios espectáculos, se hacen más creativos e irreverentes. Antes que Madona, Simone sube una cama al escenario, donde hace un sinnúmero de evoluciones erotizadas, con cabalgar sobre una almohada y simular el acto amoroso. El público no parece estar choqueado, al contrario, delira y disfruta. Las baladas-orgasmo se vuelven frecuentes y aparecente tanto en shows como en discos. El programa de los conciertos, incluye además de los temas grabados, algunos otros, en que Simone, a juicio de sus detractores luce más interesante. Ejemplo de ello es el rock Olhar-43, que aparece en sus presentaciones, justo antes que este movimiento empiece a despuntar en el panorama musical. Simone se transforma y es un 'roquero' con todas las de la ley, imprimiendo a la pieza ímpetus que muchos hombres envidiarían.

Desejos ya presenta una estructura que con variaciones menores o mayores, se reproduciría en los lanzamientos de los siguientes años Cristal (1985), Amor e paixão (1986), Sedução (1988) y Simone (Uma nova mulher) (1989). Baladas de distinta índole, colocadas en el lugar exacto del disco, acompañadas con intensos sambas-de-enredo.

Por um dia de graça, muestra todo el potencial vocal de Simone, que no se amedentra con la pesada batería de las Escuelas de Samba Portela y Beija-flor. Otro tanto sucede en Amor no coração (1985), esta vez acompañada con la batería de la Pilares. Rei por um dia (1986) es acompañado por la batería de Estácio y la Caprichosos y quizás la de menos implicaciones sociales. Disputa de poder (1988), le da voz a la rabia popular, que ve que el cambio político no ha traído mejora sustancial a sus destinos. Es justo cuando desde Vale todo, sonaba el samba-rock-denuncia Brasil de Cazuza, en voz de Gal, que sale este tema al mercado. No es difícil, entonces, imaginar por dónde anduvo su génesis. Al año siguiente, en 1989, Louvor a Chico Mendes, también matizado por la Caprichosos, rinde homenaje al ecologista amazónico muerto por esas fechas por defender la integridad de la selva brasileña.

Quizás el mérito más marcado de Desejos, además de lanzar por primera vez Yolanda, revisitada por Simone en 3 ocasiones más, sea hacer una protesta implícita a favor de las Elecciones Directas, que deberían haber sucedido en el 1984, como colofón de la dictadura. Todos sus temas transpiran el ansia de entrar en una nueva etapa del país.

En lanzamientos subsecuentes Simone se entrega de lleno al romanticismo, lo que le garantiza buenas cifras y espacio constante en las radioemisoras. Você é real, es radiada cerca de 300 veces en el circuito São Paulo-Rio, con sólo una semana en el aire. Más o menos igual suerte corren temas como Princesa, A outra, Em flor (versión del standart americano Too young), Amor explícito, la mayoría incluidos en novelas.

Delírios, delícias, inaugura la fase disco de la Cigarra, perpetuada por Água na boca y Raras Maneiras, más algunos remixes de canciones adecuadas al ritmo de las discotecas. Paixão, Eu preciso de você y Mania de você, traen a una Simone minimalista, pero con sensualidad volcánica. Los arreglos, aunque dirigidos exclusivamente a un solo propósito: resaltar el romanticismo de las composiciones, no obstante, no dejan de tener sutilezas y abren espacio para que la voz de Simone, más flexible y dominada, le saque partido a cada sílaba.

La dimensión (homo)erótica de Simone se exacerba al máximo y muchas veces, su repertorio parece más un repertorio masculino, que un repertorio femenino, por la abundancia de temas con ego lírico del hombre. Con todo, se siente que por detrás está la mano de la mujer...
Un disco de suprema sensibilidad y quizás el mejor de los 80 fue Vício, que en 1987, interrumpe los lanzamientos esquemáticos – perfectos en su clase de disco romántico/comercial. Compuesto, exclusivamente, por regravaciones, Vício, recuperó, al menos por un año el prestigio perdido de la estrella.

En el menú Tom Jobim (Eu sei que vou te amar, en respetabilísima versión); Caetano Veloso (Você é linda, a dúo con Mílton); João Donato/Abel Silva (Simples carinho, que deja de ser un bolero, para convertirse en canción minimalista y extasiada); Erasmo y Roberto Carlos no pueden faltar (Seu corpo, bastante convencional, pero de buen gusto); Djavan (Pétala, que por obra y gracia del arreglista gana aires de reagge); de la nueva zafra roquera Lobão (Me chama, una balada-rock, que Simone transforma en un elíxir de emotividad); Ivan Lins (Doce presença, otra pieza con mínimos recursos instrumentales, pero gigante en la expresividad); Suely Costa (Coração atéu, recibe una lectura marcante, al estilo del lanzamiento, sin Simone, deberle nada a nadie); Chico Buarque (Trocando em miúdos, indescriptible en la voz de la Cigarra) y finalmente Mílton de nuevo, pero ahora como compositor (Cais, un tema en que la agónica experiencia de su texto se pone en evidencia gracias al matrimonio perfecto de Sisi y Bituca).

No es difícil constatar que ni uno solo de los autores se repitió y que fueron escogidos a dedo. El disco, tal como Desejos, fue lanzado en los Estados Unidos, pero con otra carátula. Su repercusión debe haber sido mediana para los patrones de Simone por aquella época, ya que los dos LPs que vendrían más tarde, rompen la estela de elegancia y se van por la cuerda de un repertorio clase B para abajo.

No se puede tapar el sol con un dedo, romántica siempre fue, pero burda no tanto. Siempre se cuidaron las letras y se jugó con las palabras, sin erudición, pero tampoco con grandes perjuicios. Aquí, sin embargo, se inaugura una felizmente corta era de Paulo Massadas/ Michael Sullivan y José Augusto/Paulo Sérgio Valle, que representaban ya el gusto más populachero y elemental en estas lides. La sensualidad se trastoca en melodrama vulgar y sin mucha sofisticación, insistiendo siempre en lo irremediable de la pérdida amorosa (Separação, Amei demais, Carta Marcada, Tudo por amor, Tudo bem).


No obstante siempre hubo cosas salvables en ambos lanzamientos.

(SEGUIRÁ...)

Visite el sitio oficial de Simone: http://www.simone.art.br/

Además, recomendamos http://simonepedacos.multiply.com/, sitio no oficial, dedicado a su obra

(material nuevo, a ser publicado próximamente en prensa escrita)

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
¡Hola, Antón!
Bellísimo tu texto. Has conseguido tejer un relato bárbaro con todos los sucesos en la carrera de nuestra amada Simone de manera muy justa. Ahí no hay nada escondido, tampoco mascarado: se hace justicia a su poder de seducción, tanto por la voz maravillosa que tiene, como por su presencia hipnótica en los conciertos. Es de verdad absurdamente carismática. Hubo un crítico que dijo que cuando ella abre los brazos en un concierto, nadie es más poderosa que ella en la MPB. Desgraciadamente, como no todos somos perfectos, también se dejó seducir por el éxito más fácil, aunque la voz siguió muy buena y hasta mejor. Aún así, la crítica brasileña no le perdona el éxito obtenido, ni el hecho de haberse expuesto en igual proporción. Tienen una declarada mala voluntad con cualquier cosa que ella ponga en el mercado fonográfico. Me gustaría proponerte que confirmaras el nombre del empresario que nombraste MOACIR FRANCO. ¿No sería MOACIR MACHADO, o MOA, como lo llamaba la propia Cigarra? Otro detalle que merece la pena que lo mencionemos: Quincy Jones, el famoso productor de Michel Jackson, la adora a Simone. Tenía a la época una cinta gravada con dos canciones suyas: Começar de Novo y Trocando em Miúdos (de Vício)- cada una en una de las caras, repetidas inúmeras veces.

¡Felicitaciones!

Un abrazo,

Luis Carlos (desde Brasil).
novoluar ha dicho que…
¡Hola Luis Carlos!

¡Has tenido el 'privilegio' de ser el primero en comentar mi blog! Jajaja el premio te lo debo... Gracias por las palabras, por la paciencia - pues el texto, reconozco, es kilométrico, aunque de otro modo no podía ser, ella es nuestra Pasión - y por los tips... Probablemente sí me haya equivocado en el nombre de Moa, ya lo cambiaré...

¡Una vez más gracias y seguiremos hablando de la Cigarra por aquí!

Salud y Suerte
Antón
Anónimo ha dicho que…
HOLA. DESDE LUEGO PARA MÍ ES UNA BELLEZA DE MUJER, SENSUAL Y POSEEDORA DE UNA VOZ QUE CONVIERTE CUALQUIER TEMA EN ALGO PLACENTERO PARA LOS OÍDOS. ELLA TIENE ESE DON DE ENAMORAR CON SU VOZ Y SU CALIDEZ. LA ADORO.
Sandra Luz Cueto Navarro ha dicho que…
Yo amo a esta mujer es única sobre todo por hacer sentir y llegar cada una de sus interpretaciones "pecado" me hace sentir el como declararle el amor a ese ser que aún siendo prohibido lo tengo que hacer real .es bella Simone gracias
novoluar ha dicho que…
¡El mismo placer que me causa a mí esa canción en su voz! ¡Gracias por comentar y mil perdones por la demora en pasar la opinión! Sucede que no revisaba la moderación hacía siglos.