Por:
Antón Vélez Bichkov ©
Pullas ostensibles, como la dirección del local, Revolución # 124, tampoco la hicieron más inquietante o irreverente...
¡Y la cámara se movió!
Si algo marca la telenovela cubana es su
inmovilidad, tanto visual, como dramática.
Sin embargo, Vidas cruzadas,
de título gastado*, pero visualidad avanzada, rompe la maldición del estatismo y
le imprime a la imagen un toque, textualmente, nuevo (aunque no necesariamente
novedoso).
La textura, los planos elaborados, el uso
de los espejos – fetiche de realizadores y fotógrafos – los colores – austeros
y elegantes – ponen al estreno de este lunes en una confortable delantera con
respecto a la telenovela que se hace hoy en Cuba.
Claudia Remedios, jefa de fotografía, fue
inteligente y respondió con creces a la pauta que le dio Heiking Hernández a la
cabeza, por vez primera, de una producción de este tipo, la que encaró con el
entusiasmo de los que debutan: cuidando no sólo sus detalles, sino su prestigio
futuro y los apremios de su alma.
En un mundo masculino y de producción a
machetazos eso establece una diferencia.
Lo que no se movió mucho fue el texto. Y
me perdonan, pero no es un cliché del blog. Es un mal de la escritura
antillana.
Sin competencia (dramatúrgica, ni fáctica)
el guionista cubano piensa que escribir es empatar una escena con otra.
En sus dos obras, Yamila Suárez, la
autora, ha tenido suerte con los directores.
Por más amarga que haya sido la
experiencia con Fiallo – persona – Fiallo – director – sacó adelante su regular
La otra esquina.
Diálogos cotidianos con ciertos aires
no salvaban una anécdota poco desarrollada que sólo ganó otra dimensión gracias
a la puesta.
Ahora, le toca una que se esmera en su
criatura y literalmente la mima. Algo raro en esta TV.
Pero Yamila que, como otros, ya produce su
tercera entrega, no parece tener evolución. Ni estilística, ni creativa.
Más por inercia, que por preservar el
talento, la redacción dramática sigue con las mismas fichas.
Con aquellos que ya ha trabajado. Y, sobre
todo, con los que es fácil trabajar. No importa, que con tantas
horas de vuelo, aún no sepan volar.
El autor es el patrimonio más valioso de
una emisora. Pero el que se potencia en Cuba no ha encontrado la excelencia. Ni
siquiera se le acerca.
Hablaron, hablaron y hablaron y, a diez de
últimas, no pasó nada en este capítulo de estreno.
La escena inicial, que debería delinear la
trama, no situó la historia y estuvo muy, anormalmente, arriba...
Las dos Daisys... la Granados, poco habituada
a lo televisivo, y la Quintana – mediana, pero con más intimidad con el medio –
tuvieron a cargo la segunda.
Más datos. Pero poco avance.
¿No es la historia de un hombre con doble
vida? ¿No debe ser ese el foco?
Centrada en el trabajo por cuenta propia, Vidas
cruzadas pretende responder a 'su tiempo', aun y cuando fuera escrita hará
tres, cuatro o quizás cinco años.
Todos los personajes vistos hasta ahora,
de un modo u otro, están conectados con el sector no estatal. Por ello se
enfocó, demasiado, en el asunto y no hilvanó una historia.
No basta con situar una petición de
matrimonio – poco usual en nuestros lares – para pactar con el lenguaje
novelesco.
Pullas ostensibles, como la dirección del local, Revolución # 124, tampoco la hicieron más inquietante o irreverente...
Y aquí, nuevamente, vemos el fallo de las
todopoderosas asesoras, en este caso ¡cuatro! (tres en los créditos) Vilma
Montesinos, Eunice Peña, Vanessa Márquez y Tania Alarcón.
Ya no son los ‘equipos autorales’ (la moda
de la TVC), sino ¡los equipos asesores! Madre santa.
La musiquita tan casual de la apertura
puede servir para ambientar una cartelera, una sección de asuntos domésticos o
una cafetería.
Fue como la presentación, agradable, pero
sin miaja (por más que se adivinen algunas claves del argumento).
Alejandro Falcón, tiene premios y un
nombre, pero debía entender que la música para TV y cine tiene exigencias. La
forma responde al contenido y el contenido tributa a la forma.
![]() |
Mucha enunciación, explicación, cero dotante. La primera imagen de un dramatizado moderno debe remitir y resumir la obra. |
El elenco, lleno de caras nuevas, me
resultó muy soso.
Empezando por Bárbara Rodríguez
(Carolina), la protagonista – o una de ellas, no está claro. Un tanto monótona
y con aire inexpresivo.
Yazmín Gómez y Daysi Quintana, conocen muy
bien su oficio y se sienten muy cómodas ante el ojo escrutador de la
cámara.
La Granados, puede que rinda. Más por los
años de experiencia, que otra cosa.
Los otros personajes tuvieron poca
exposición o fueron francamente incidentales.
La mano de Fernando Hecheverría – en la
dirección de actores (co-director, según nos dicen en la entrada), tal vez se sienta. Pero no basta el empeño de un actor inteligente. Hace falta libreto y, de ese, por lo que se ve, no habrá mucho.
*Existen dos telenovela brasileñas con ese título.
Vea el capítulo aquí
*Existen dos telenovela brasileñas con ese título.
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